El ya expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, compareció por primera vez ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York, donde negó todos los cargos en su contra y ratificó que deberá volver a la corte en marzo, cuando el proceso penal entrará en una fase decisiva. La audiencia duró menos de una hora.

Maduro rechazó las acusaciones por narcotráfico y conspiración, se proclamó inocente y sostuvo que actúa como jefe de Estado en funciones. Ante el juez, aseguró que lo capturaron en Caracas y que se considera un prisionero de guerra, una afirmación que marcó el tono político de su defensa inicial.

La sesión estuvo presidida por el juez federal Alvin Hellerstein, una figura con amplia trayectoria en el sistema judicial estadounidense. Durante la diligencia, los equipos legales de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, confirmaron que no solicitarán libertad condicional en esta etapa del proceso. Así, el tribunal fijó la próxima comparecencia para el 17 de marzo.

Maduro y vestimenta de reo

Maduro y Flores acudieron a la corte con uniformes oscuros de prisión y permanecieron sentados con una separación visible. La escena reforzó el carácter excepcional de un caso que combina cargos penales con implicaciones diplomáticas y geopolíticas de alto impacto.

El mandatario venezolano contrató como abogado defensor a Barry Pollack, penalista reconocido en Nueva York y conocido por haber representado a Julian Assange durante años. La elección apunta a una estrategia jurídica de alto perfil, enfocada en cuestionar la jurisdicción y el alcance de las acusaciones. Flores contará con la defensa de Mark Donnelly.

La Fiscalía acusa a Maduro de conspiración narco-terrorista, conspiración para la importación de cocaína y posesión de armas de alto poder. El pliego de cargos menciona la supuesta participación en redes de tráfico internacional y la posesión de cantidades significativas de cocaína, elementos que sostienen la imputación federal.

La comparecencia de marzo será clave

En esa fecha, la corte evaluará los próximos pasos procesales, entre ellos eventuales mociones de la defensa y el calendario del juicio. El caso mantiene en vilo a la región, no solo por la figura del acusado, sino por el precedente que podría sentar en la relación entre Estados Unidos y Venezuela.

Mientras se desarrollaba la audiencia, grupos de activistas se concentraron en las afueras del tribunal para rechazar la captura de Maduro. Bajo consignas contra la administración estadounidense, denunciaron lo que consideran una acción ilegal y de motivación política. Las organizaciones convocantes aseguraron que continuarán las movilizaciones.

Sin embargo, son más los venezolanos que han visto con buenos ojos la captura del exmandatario. Ahora esperan que la justicia estadounidense le proporciono todo el peso de las leyes norteamericanas. Esperan también que el paso dado signifique una salida para que Venezuela "retorne a la prosperidad y libertad".

El proceso judicial avanza ahora con una fecha clara en el horizonte. En marzo, Nicolás Maduro deberá volver a sentarse ante un juez en Nueva York, en una comparecencia que podría definir el rumbo de uno de los casos más sensibles del escenario internacional reciente.