La leucemia linfoblástica aguda se diagnostica con mayor frecuencia en la infancia temprana, principalmente entre los dos y cinco años de edad, aunque también puede presentarse en menores de un año, adolescentes y adultos. Este patrón responde a características biológicas propias del desarrollo infantil, en el que determinadas células sanguíneas predominan y son más vulnerables a transformaciones malignas.

Richard Cedeño, oncohematólogo de Solca Portoviejo, explicó que se trata de un cáncer de la sangre que se origina en la médula ósea, el tejido donde se producen las células sanguíneas. Allí, una célula normal sufre una alteración genética que provoca su transformación en una célula cancerígena, desplazando progresivamente a las células sanas y afectando funciones vitales como la oxigenación, la defensa inmunológica y la coagulación.

Desde el punto de vista epidemiológico, esta enfermedad constituye la forma más frecuente de leucemia en la edad pediátrica. En niños, representa entre el 85 % y el 90 % de todos los diagnósticos de leucemia, lo que la convierte en el principal cáncer hematológico infantil atendido en centros especializados del país.

Magnitud del problema y cifras nacionales

Las cifras reflejan la dimensión del impacto. En Ecuador se diagnostican aproximadamente 1.000 nuevos casos de cáncer cada año, de los cuales alrededor de 333 corresponden a leucemias, dijo el médico. De ese total, cerca del 85 % son de tipo linfoblástico, lo que implica que, en promedio, cada semana una familia recibe el diagnóstico de cáncer infantil.

Cedeño señaló que este volumen de casos convierte a la enfermedad en un desafío permanente para el sistema de salud, no solo por su frecuencia, sino por la complejidad del tratamiento y el impacto emocional, social y económico que genera en las familias. Por esta razón, el diagnóstico oportuno se considera uno de los factores más determinantes para mejorar el pronóstico.

El especialista indicó que cuando el paciente llega en etapas avanzadas, con una alta carga de células malignas y compromiso de varios órganos, las dificultades terapéuticas aumentan y las probabilidades de supervivencia disminuyen. En contraste, una detección temprana permite iniciar el tratamiento en mejores condiciones clínicas.

Causas, factores de riesgo y aclaración de mitos

Desde la medicina, la leucemia linfoblástica aguda se define como multifactorial, es decir, no responde a una causa única. Existen factores genéticos, hereditarios y medioambientales que interactúan entre sí y favorecen la aparición de alteraciones celulares. En algunos casos, incluso, no es posible identificar un origen concreto, lo que se conoce como causa idiopática, sostuvo el médico en entrevista con Manavisión Plus.

En el ámbito hereditario, los datos clínicos muestran que un niño con un hermano que ha tenido una enfermedad oncológica presenta entre un 5 % y un 15 % más de probabilidad de desarrollar cáncer. A ello se suman factores ambientales como la exposición a radiaciones, determinadas sustancias químicas y algunos virus con capacidad de alterar el material genético.

Cedeño fue enfático en descartar mitos frecuentes. La evidencia médica no respalda la idea de que la enfermedad se origine por una mala alimentación, la falta de consumo de ciertos alimentos, la ausencia de sopa en la dieta infantil o antecedentes de anemia por déficit de hierro. Estas creencias, explicó, generan culpa injustificada dentro de las familias.

Signos de alarma y detección temprana

Uno de los aspectos más relevantes para reducir la mortalidad es el reconocimiento de los signos de alarma. Entre ellos destacan la fiebre alta y persistente por más de cinco días, la fiebre que reaparece tras desaparecer, el decaimiento marcado, la palidez, el cansancio extremo, el dolor articular y la aparición de moretones o lesiones en la piel sin causa aparente.

El especialista señaló que estos síntomas suelen confundirse con cuadros virales comunes, lo que puede retrasar el diagnóstico. Un examen sencillo como el hemograma puede ser clave para detectar alteraciones tempranas y derivar oportunamente al paciente a un centro de mayor complejidad.

Avances diagnósticos y tasas de supervivencia

La medicina ha avanzado de forma significativa en el diagnóstico de la leucemia linfoblástica aguda. Técnicas especializadas como la citometría de flujo, la biología molecular y la citogenética permiten clasificar con precisión el tipo de leucemia, establecer pronósticos y definir tratamientos personalizados según el riesgo de cada paciente.

Gracias a estos avances, en países desarrollados las tasas de supervivencia infantil superan el 90 %, lo que significa que nueve de cada diez niños logran superar la enfermedad, sostuvo el especialista. En Ecuador, el objetivo institucional es elevar la supervivencia del cáncer infantil a rangos de 70 % a 80 % hacia el año 2030, mediante diagnóstico temprano y acceso a tratamientos, manifestó.

El tratamiento estándar incluye esquemas de quimioterapia que pueden extenderse hasta dos años, con una fase inicial intensiva de aproximadamente seis meses. En los últimos años se han incorporado terapias innovadoras como la inmunoterapia y, en casos específicos, el trasplante de progenitores hematopoyéticos, indicó Cedeño.

Acceso a tratamiento y atención integral en Ecuador

La inmunoterapia ha permitido alcanzar tasas de remisión completa de hasta el 96 % en pacientes pediátricos clasificados como de riesgo estándar, comentó el médico en la entrevista. Aunque todos los fármacos pueden presentar efectos secundarios, estos tratamientos cuentan con aval de organismos internacionales, que determinan que el beneficio supera ampliamente los riesgos.

Cedeño destacó que Ecuador forma parte de una plataforma internacional de acceso a medicamentos básicos para el cáncer infantil, lo que garantiza tratamiento gratuito en hospitales de alta complejidad como Solca y centros del Ministerio de Salud Pública. Esta estrategia busca reducir las brechas de acceso y mejorar los resultados clínicos.

Finalmente, subrayó que la leucemia linfoblástica aguda es una enfermedad impredecible, pero hoy curable en la mayoría de los casos cuando se detecta a tiempo. La educación a las familias, la capacitación del personal de salud y el fortalecimiento del sistema sanitario son claves para transformar el diagnóstico en una oportunidad de vida y futuro para los niños del país.