Para millones de niños, doña Clotilde era una sombra que se deslizaba por la vecindad con mirada severa, vestido oscuro y un amor no correspondido por don Ramón. Detrás del apodo —"la Bruja del 71"— se escondía, sin embargo, una historia real marcada por la guerra, la resistencia y el exilio.

Angelines Fernández, la actriz que dio vida a ese personaje inolvidable de El Chavo del 8, fue mucho más que un ícono de la comedia: fue una combatiente antifranquista que sobrevivió a la derrota y reinventó su destino al otro lado del océano.

María de los Ángeles Fernández Abad nació en Madrid en 1922, en una España convulsionada que pronto se hundiría en la Guerra Civil. Cuando estallaron las movilizaciones revolucionarias, era apenas una niña, pero creció entre consignas, miedo y pólvora.

La joven que tomó las armas 

Ya joven, tomó partido: fue miliciana y combatió al franquismo hasta 1947, incluso después de que la dictadura consolidara su poder. Perseguida y obligada a desaparecer de su propia tierra, eligió el camino del exilio. México, país solidario con los republicanos derrotados, se convirtió en su refugio definitivo.

De su etapa guerrillera se sabe poco. No hay demasiados documentos ni declaraciones. Angelines guardó silencio durante años, quizá por prudencia, quizá por dolor. En España, su nombre quedó borrado por la censura y el olvido; en México, en cambio, floreció una nueva vida. Se nacionalizó mexicana y abrazó el oficio de actriz con la misma convicción con la que antes había empuñado un arma.

Su carrera fue vasta y sólida. Participó en teleteatro, radio, televisión y en más de 25 películas, muchas de ellas durante la llamada Época de Oro del cine mexicano. Compartió escenas con Cantinflas y forjó una amistad entrañable con Ramón Valdés, el eterno don Ramón.

Fue él quien, casi de manera casual, le abrió la puerta a la vecindad más famosa de la televisión. Según contó su hija, Angelines le pidió a Valdés que hablara bien de ella con Chespirito. Así nació doña Clotilde: la contraparte necesaria de un hombre siempre apaleado por doña Florinda y, por fin, amado sin condiciones.

Una "bruja" solidaria con los amigos 

Angelines Fernández murió en 1994, víctima de cáncer. Nunca regresó a España, ni siquiera después de la muerte de Franco en 1975. Su última voluntad fue clara y profundamente simbólica: descansar junto a Ramón Valdés. Hoy, ambos reposan en los Mausoleos del Ángel, en Ciudad de México, separados por apenas unos metros, como si la vecindad continuara en silencio.

Dicen que, cuando murió don Ramón, Angelines permaneció más de dos horas junto a su tumba. Fue la única del elenco que asistió a su funeral. Tal vez allí, sin cámaras ni risas grabadas, la bruja dejó caer su último hechizo: el de una lealtad que ni la guerra, ni el exilio ni la muerte pudieron romper.