Investigadores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, concluyeron que la memoria de trabajo y la forma en que las personas atravesaron la pubertad influyen en los altibajos emocionales diarios durante la vida adulta. El estudio fue publicado en la revista científica Journal of Affective Disorders y se centró en comprender cómo se manifiestan el estrés, la ansiedad y el bajo estado de ánimo con el paso del tiempo.

La investigación analizó a 91 adultos durante un período de 100 días, mediante el seguimiento cotidiano de sus emociones. El objetivo fue observar cómo varía el malestar emocional en la vida diaria y qué factores explican esas fluctuaciones más allá de una medición puntual.

Seguimiento diario frente a encuestas tradicionales

A diferencia de los estudios clásicos en salud mental, que suelen basarse en encuestas únicas o retrospectivas, este trabajo utilizó un enfoque de registro diario. Esta metodología permitió obtener información en tiempo real sobre los cambios emocionales, reduciendo el sesgo asociado al recuerdo de experiencias pasadas.

Según los autores, este método evidenció que el malestar emocional no se mantiene constante, sino que fluctúa de un día a otro. Además, mostró que estas variaciones no son iguales en todas las personas, lo que refuerza la importancia de analizar la salud mental desde una perspectiva dinámica.

Limitaciones de las mediciones retrospectivas

Natasha Chaku, investigadora posdoctoral en la Universidad de Michigan y actualmente profesora asistente en la Universidad de Indiana, explicó que las encuestas únicas ofrecen una imagen incompleta del estado emocional. "Las encuestas solo capturan un instante de cómo alguien recuerda sentirse, generalmente resumido en períodos largos, lo que puede resultar impreciso", indicó.

El seguimiento diario permitió identificar patrones más finos en la experiencia emocional. De este modo, los investigadores pudieron relacionar las variaciones del malestar con características cognitivas y con experiencias previas del desarrollo.

Influencia de la memoria de trabajo

Uno de los factores centrales del estudio fue la memoria de trabajo, definida como la capacidad de mantener y manipular información en la mente. Los resultados mostraron que esta habilidad cognitiva influye en la forma en que las personas procesan el estrés cotidiano y regulan sus emociones.

Las personas con una memoria de trabajo más sólida tendieron a presentar mayor estabilidad emocional. En cambio, quienes mostraron un desempeño más bajo en esta capacidad experimentaron mayores fluctuaciones de malestar a lo largo del período analizado.

Efectos duraderos de la pubertad

El estudio también destacó el papel de la pubertad como una etapa clave con efectos a largo plazo en la salud emocional. Tanto el momento en que ocurre como la manera en que se vive esta experiencia pueden influir en la forma en que los adultos enfrentan situaciones estresantes.

Chaku subrayó que el contexto biológico y social de la pubertad, así como las estrategias utilizadas para afrontarla, pueden dejar huellas persistentes. Estas huellas se reflejan en la interpretación de los eventos cotidianos y en la regulación emocional en la adultez.

Diferencias según el género

La investigación identificó diferencias relevantes entre hombres y mujeres. Las mujeres que maduraron más tarde que sus pares y contaban con una memoria de trabajo sólida presentaron los niveles más bajos de malestar general y una mayor estabilidad emocional durante los 100 días de seguimiento.

En contraste, los hombres que experimentaron una pubertad temprana y mostraron una memoria de trabajo más débil registraron mayores fluctuaciones diarias de ansiedad y malestar, lo que sugiere una interacción entre desarrollo puberal y habilidades cognitivas.

Variaciones diarias del malestar

Adriene Beltz, profesora de psicología en la Universidad de Michigan y coautora del estudio, explicó que los "altibajos" se refieren a cambios diarios en el malestar general, la ansiedad y la tristeza asociada a la depresión. Estas variaciones pueden manifestarse como preocupación, irritabilidad o autocrítica.

Beltz añadió que, en los hombres, los cambios diarios en la ansiedad fueron especialmente significativos, sobre todo en síntomas físicos del estrés, como la opresión en el pecho y el aumento de la frecuencia cardíaca. Los autores concluyen que la combinación de factores cognitivos y del desarrollo resulta clave para comprender la estabilidad emocional en la adultez.