Las estadísticas oficiales dicen que solo el 2 por ciento de la población de Santo Domingo de los Tsáchilas se ha infectado de coronavirus. En teoría, el resto de los habitantes sigue expuesto a los contagios.
Aunque la diferencia es muy alta, en las personas existe la percepción de que en algún momento podrían enfermarse de covid-19 y aceptan que no están libres de la infección hasta que no se logre proteger a todos los habitantes con la vacuna.
Para este reportaje intentamos buscar testimonios de no contagiados y, pese a que son 437 mil 982 los que aparentemente siguen ‘invictos’, no todos se confían.
Y las razones pudieran ser lógicas.
Tres personas consultadas, bajo el anonimato, coincidieron en este aspecto: “si aparezco contando que no soy portador del virus y resulta que mañana me contagio, dígame usted, ¿cómo quedo ante los demás, frente a mis familiares, mis hijos?”.

Uno de ellos se animó a explicar que usa ivermectina e ivomec, medicamentos que aún están en estudio para determinar si actúan contra los síntomas del SARS-CoV-2 y que, pese a eso, la auto prescripción es alta.
Cada organismo humano actúa distinto frente a una enfermedad o medicación y de ahí depende si la reacción es favorable o no.
Este funcionario público, que se trata con los dos medicamentos, asegura que le han funcionado.

Estuvo en contacto con un cuñado que dio positivo y que al parecer contagió a su suegra. En las pruebas rápidas y, en una de tipo PCR que se practicó hace poco, el resultado fue negativo.
Ricardo Calazacón, de 62 años, accedió a contar cómo se ha protegido.

Él no se ha contagiado y tampoco los ocho miembros de su familia, que viven en la comuna tsáchila Chigüilpe. Hace unas semanas debía viajar a México por invitación de un turista y se practicó una prueba de covid en la que salió negativo.
El viaje no se cumplió porque uno de los familiares del extranjero se contagió.

En Chigüilpe se mantiene la preocupación porque 50 de 100 pruebas salieron con resultado positivo durante un testeo realizado a finales de marzo pasado.  


Calazacón, quien también es experto vegetalista en su etnia, confía en las plantas de su bosque y no estuvo en esa lista de infectados.
Utiliza dos conocidas como cuatro puntas y hierba luisa con las que prepara infusiones diarias.
La primera es muy amarga y esa concentración es la que permite mantener a la garganta despejada de algún agente infeccioso, afirma. En su vivienda, ubicada dentro del proyecto turístico Seke Sonachun, tiene ollas llenas con agua de un aspecto achocolatado claro.

El cuatro puntas además lo mezcla con aguardiente artesanal. El sabor agrio se mantiene, pero su efecto es mayor.
Los tsáchilas toman al menos una cucharada diaria, porque la dosis es muy fuerte.
Mabet Acosta es fisioterapista y defiende la idea de que se debe trabajar en terapias respiratorias.
Ella sabe que la técnica de la respiración cardiopulmonar es fundamental ahora que el virus ataca al órgano del sistema respiratorio.
Su consejo es que las personas acudan a estas terapias independientemente de si  están libres o contagiadas de coronavirus.
Acosta atiende a sus clientes en el hotel Zaracay, donde tiene un consultorio.
Desde que empezó la pandemia promueve la idea de mantener los pulmones en óptimas condiciones, por medio de técnicas de respiración bajo el agua y mediante nebulizaciones.
Esta experta fue incluso considerada como la profesional avalada dentro del protocolo del hotel Zaracay, que permitió la reanudación del funcionamiento del centro de alojamiento.

El médico César Díaz explica que en la población no contagiada los comportamientos pueden ser variables.
Por un lado, hay asintomáticos, que tienen el virus y no sienten sus efectos.
Y otros que se enfermaron pero que no tuvieron tantas complicaciones.
Lo toman como una dolencia normal y eso los lleva a la idea de descartar la enfermedad.

Díaz agrega que en estos grupos es donde se debe tener mayor precaución porque, al ser asintomáticos, propagan rápidamente el virus.
Por eso los expertos insisten en que se deben hacer más pruebas para aumentar la capacidad de detección dentro de la población portadora sin síntomas.
Esto, a su vez, permite a las autoridades crear estrategias de contención.
En declaraciones públicas anteriores, el investigador en epidemiología de la UTE, Daniel Simancas, explicaba lo peligroso que pudiera ser la falta de testeo suficiente.

Por cada caso encontrado, siete no son detectados, decía en su momento este experto. Hasta el 25 de abril pasado, el 43 por ciento de pruebas PCR arrojaban positivo en Santo Domingo.
La cifra ha variado con relación al año pasado cuando en promedio salían 22.