Hay que caminar, y mucho, estirar la mano, acercarse a los carros, lavar parabrisas, dar pena y aún así  existe el riesgo de que no te den nada.

Pero si tienes un niño a tu lado, todo cambia.
“No hay que mentir”, dice Willian Mena, venezolano, 36 años y que lleva un mes y medio viviendo en Manta. “Si la gente te ve con un niño te ayuda más, esa es la verdad”, expresa.
Willian habla de este tema en tercera persona. Es decir, los que hacen eso son otros, no él.
Él lleva a sus cinco hijos (5 meses, 5, 7, 11 y 13 años) por las calles porque no le queda de otra, señala.
No hay con quién dejarlos en el cuarto que alquilan, además es peligroso, no hay confianza, dice.
Todas las mañanas su familia camina por la calle 13 y el Malecón de Manta, vendiendo caramelos. Él, los niños y su esposa.
“Con el dinero que nos hacemos en el día, desayunamos, mi mujer y yo y mis hijos; la flaca (la esposa), los tiene siempre en cuenta, con cuidado para que no les pase nada”, indica.
La flaca es flaca, 24 años, mirada cansada, buena vendedora, pálida, ha de ser porque recién salió de un embarazo. Ofrece caramelos de leche y miel que no tienen un precio fijo, solo lo que usted le pueda dar, centavos, los que tenga.
Cuenta que las leyes en Manta son muy complicadas respecto a pedir dinero con los niños en las calles.
Dice que la Policía y el municipio siempre les hacen controles, eso no pasa en otras ciudades, agrega.
“Por un lado está bien, pero hay que entender que no tenemos con quién dejarlos”, indica.
A su lado los niños ofrecen caramelos y la gente les compra, algunos les dan el dinero y no piden nada a cambio, solo una sonrisa, un gracias. Los niños saltan y quien les da el dinero les toca la cabeza, sonríe también, es su obra del día. Es verdad que la gente ayuda más si vas con un niño.

PROBLEMA. Marisol Zambrano, abogada y miembro de la Junta Cantonal de Protección de Derechos de la Niñez de Manta, cuenta que han identificado casos en los que los niños son prestados de una persona a otra para pedir dinero. “No es en todos los casos, pero tenemos personas identificadas, y estamos iniciando procesos en la Fiscalía. Ya les hemos notificado a los padres, pero no hacen caso”, señala.
También hay otras situaciones en las que la familia deja un niño en el lugar y ellos se van a otro lado a pedir dinero.
“No sabemos si reciben dinero a cambio de prestar a los niños, pero creo que debe ser así, porque si la mamá presta el niño es porque quiere dinero a cambio, lamentablemente eso pasa”, expresa la funcionaria.
Comenta que hay muchos casos de estos y tratan de erradicarlos. Es un trabajo arduo pero se está logrando, agrega.

JUSTICIA. Galo Mancero, jefe de la Unidad Nacional de Investigación y Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (Unipen), dice que es visible que existen casos de vulneración de derechos de los niños en las calles. “Tenemos algunos que estamos trabajando con la finalidad de judicializarlos”, informa.
Según el agente, estos casos se enmarcan en el delito de trata de personas con fines de mendicidad, aunque demostrar aquello es complicado porque los migrantes se escudan en que solo están de paso por la ciudad. “Así actuemos en flagrancia el resultado es el mismo, hay que demostrar que no están de paso en el país, para eso se debe tener un archivo o base de datos para presentar ante la justicia y sustentar que esa persona está dedicándose a la trata de personas con fines de mendicidad. En eso hay que trabajar”, señala.
Además considera importante trabajar en leyes que le permitan a la Unipen actuar, ya que están limitados porque no existe una situación legal para enmarcar a los migrantes y dar cumplimiento a las condiciones que el Estado obliga con los menores de edad.