Juan Pablo Alexander tiene 5 años y está creciendo siendo la única persona vidente de su familia.
Sus padres son Juan Pablo Holguín y Mayra García quienes tienen 75% y 45% de discapacidad visual, respectivamente.
Ambos solo ven sombras, dijo Juan Pablo, de 46 años y oriundo de Santa Rosa, zona rural de Manta.
Él trabaja desde hace 10 años en una panadería, donde su labor es limpiar las latas donde hornean el pan.
Su trabajo queda en el barrio Santa Lucía en la parroquia Eloy Alfaro, hasta donde se moviliza en bus urbano.
Narra que suele tomar la línea 3, que pasa a seis cuadras de su casa, ubicada en la ciudadela Sí Vivienda y para saber que ha llegado a su destino se orienta por las curvas y vueltas que da el transporte. Por su jornada de trabajo que va desde las 7h00 hasta las 13h00 Juan Pablo recibe un sueldo básico de 400 dólares.
Su hijo, Juan Pablo nació sano y cada día crece “más avispado, más sabido”, dijo.
En marzo pasado cumplió los 5 años. “Él sabe que nosotros somos invidentes, pero le hemos hecho creer que sí vemos un poquito porque a veces está calladito haciendo travesuras”, dijo entre carcajadas.
Admite que debido a la pandemia, la educación de su hijo se les complicó aún más, porque en casa no tienen internet.
Por ello cada día su esposa y su hijo van hasta el barrio Nueva Esperanza para contactarse con la profesora desde la casa de su suegra.
“Afortunadamente al niño le han tocado profesoras que han entendido nuestra discapacidad visual y siempre han estado prestas a colaborarnos”, dijo.
Otra ventaja que menciona Juan Pablo es que su esposa es muy inteligente. Ella graba las clases para enseñarle al niño, pero aquellas clases que son de dibujos o de pintar figuras, Mayra  recurre a una vecina  quien siempre ayuda.
Mayra (36), la esposa de Juan Pablo, destaca que a pesar de que ellos siempre fueron discapacitados pero independientes, fortalecieron algunas situaciones gracias a las clases que recibieron en el Patronato Municipal.
“Adquirimos más independencia allí”, remarcó.
Antes de casarse Mayra trabajaba en una fábrica de materiales de construcción, donde tomaba los pedidos por teléfono y sacaba copias.

>No conoció a su hija. Rita Párraga, perdió progresivamente la visión desde los 24 años por un tema hereditario.
Hoy de 56 años tiene dos hijas que solo tienen astigmatismo, pero hasta una cuarta o quinta generación de sus descendientes podrían heredar esta enfermedad, explicó.
Rita, quien tiene el 80% de discapacidad visual, señala que no ve nada, pero de repente -cuando el sol está bastante fuerte- tiene reflejos de claridad. Sin embargo, no hay detalles ni  imágenes.
Cuando se convirtió en madre, Rita sí pudo conocer a su hija mayor. A ella la pudo ver hasta los cinco años cuando perdió poco a poco la visión. Desde entonces contó con la ayuda de su mamá y esposo, este último falleció hace un mes a causa del COVID-19.
Su segunda hija nació nueve años después que la primera, por ello no pudo ver su rostro, solo tocarlo e imaginarlo. Actualmente su segunda hija tiene 17 años.  
“Ella conoce el sistema braille y sabe estrategias y técnicas para personas con discapacidad visual como yo”, refirió.
Rita recordó que debió optar por comprarle a su hija zapatillas sonoras para saber dónde estaba porque como todo niño era muy inquieta.
“Pero cuando ella descubrió por qué la encontraban rápido, se quedaba calladita, ni pestañeaba para no ser encontrada”, narró entre risas esta madre no  vidente.

>Asociación. En Manta existe una asociación que agrupa a personas no videntes.
Actualmente cuenta con 85 socios, entre los que hay 4 niños (de 8 a 13 años), y cinco adolescentes (de 13 a 17 años), el resto son adultos.
Rita es la vicepresidente de la Asociación de Personas con Discapacidad Visual San Pablo de Manta.
Aquí cuentan con un programa educativo para las personas con discapacidad visual, además de brindar atención psicológica a padres, familias o hijos.
Este trabajo se hace con el apoyo del Gobierno Provincial de Manabí en determinados meses del año. Ahora por la pandemia no se ha presentado el proyecto, manifestó .
Sin embargo sí han recibido algunas capacitaciones apoyadas en medios virtuales, además de clases de música impartidas por el profesor Hilario Macías.
“Ha sido poco el trabajo por la crisis sanitaria, pero la pandemia no nos frenó pues nos hemos apoyado por medios electrónicos para capacitarnos en clases de braile, matemáticas con el ábaco, etcétera”, dijo Rita.