El futuro del sombrero de Montecristi pende de un hilo ante la disminución de artesanos y cultivos

El tejido del sombrero paja toquilla en Montecristi enfrenta una crisis. El éxodo de jóvenes amenaza la existencia del sombrero más fino del mundo, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.
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Redacción

Redacción ED.

El oficio ancestral de tejer el sombrero de paja toquilla, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, está en peligro de desaparecer en Ecuador. ¿Qué lo amenaza? El éxodo de jóvenes de las comunidades rurales de Montecristi, provincia de Manabí, quienes abandonan este arte para migrar a las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales y educativas.

La escasez de tejedores no solo pone en riesgo la tradición, sino que también afecta a los agricultores que cultivan la materia prima, la paja toquilla, y a los 120 artesanos activos, en su mayoría ancianos, que luchan por mantener viva la herencia de sus antepasados.

La cadena de producción se debilita

José Soledispa, un agricultor de 45 años, propietario de la finca con el pajal más grande de Montecristi (tres hectáreas), vive con el temor de perder su cultivo. La escasez de tejedores impacta directamente en la demanda de la materia prima, la paja toquilla, cuyo cultivo ha disminuido significativamente. Hace 20 años, existían 35 hectáreas de pajales en Manabí; ahora solo quedan 10, todas de propiedad privada.

Los dueños originales han fallecido, sus herederos han vendido las tierras o han abandonado los cultivos por la falta de un mercado sostenible. Por ejemplo, Ramiro Mero, de la comunidad Las Pampas, abandonó su cultivo por la misma razón, señala una investigación de Periodistas Sin Cadenas.

La falta de una cadena de producción sólida y un pago justo son factores clave. Según el comerciante Freddy Valencia, él y otros tejedores reciben pagos irrisorios de los intermediarios, lo que los obliga a buscar otros oficios, como el manejo de taxis en Manta o la pesca. El relato de Valencia subraya la cruda realidad: recibió 120 dólares por un sombrero que, en el mercado, se valoró en 5,000 dólares. Esta disparidad en los precios es un factor determinante para el abandono del oficio.

Un patrimonio que lucha por su futuro

A pesar de ser conocido mundialmente como el “Panamá hat”, el sombrero de paja toquilla es originario de Ecuador. La confusión, según el Ministerio de Turismo, se originó durante la construcción del canal de Panamá, donde los obreros lo usaban para protegerse del sol, aumentando su popularidad y exportación. Hoy, el sombrero más fino del mundo se subasta hasta en 40,000 dólares en mercados internacionales.

El tejido del sombrero es un proceso complejo que requiere una habilidad notable. Los sombreros se miden por el número de hebras por pulgada, lo que determina su calidad y precio. Por ejemplo, un sombrero de 62 hebras por pulgada, considerado el más fino del planeta, fue vendido por el tejedor Simón Espinal en 25,000 dólares en Estados Unidos. La elaboración de una de estas joyas artesanales puede tomar hasta nueve meses.

La calidad de la paja también influye, ya que los cogollos de plantas que superan los 200 años de antigüedad son los más preciados. La UNESCO reconoció este arte como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2012. Sin embargo, la migración de los jóvenes, la falta de incentivos y los bajos precios pagados por los intermediarios amenazan con borrar el conocimiento ancestral de los tejedores.

La gestora cultural y directora del Museo Sombrero de Paja en Manabí, Lorena Bravo, revela que los tejedores más jóvenes, como el hijo de Juana Mero, prefieren trabajar en fábricas de la ciudad para ganar un sueldo básico, en lugar de continuar con el oficio familiar, indica la publicación.

Un intento por salvar la tradición del sombrero

Ante esta realidad, las autoridades y algunos emprendedores locales están buscando soluciones. La Municipalidad de Montecristi ganó un concurso de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) con un fondo de 250.000 dólares para implementar un proyecto de transformación digital del sombrero. Este proyecto busca digitalizar todo el proceso de producción, desde el cultivo de la paja hasta el tejido, y crear una plataforma web que incluya una biografía de cada artesano.

La iniciativa también pretende emitir un certificado de origen con un chip, garantizando su autenticidad. Por su parte, comerciantes como Jean Pierre Mero y Gabriel Lucas Mero, buscan acortar la cadena de distribución y ofrecer precios justos a los artesanos, eliminando a los intermediarios. Jean Pierre, a través de su proyecto Toquilla Real, vende directamente a Estados Unidos.

Gabriel Lucas, por su parte, ha llevado el sombrero de Montecristi a exposiciones en Europa para promocionar el arte y el producto. Sin embargo, estas iniciativas privadas a menudo se enfrentan a la falta de apoyo de las instituciones públicas. Lorena Bravo, quien ha investigado el tema, sostiene que la crisis se agudiza por la falta de interés del Estado en la creación de cultivos públicos de paja toquilla.

Actualmente, todos los pajales son privados. El alcalde de Montecristi, Jonathan Toro, busca establecer un Consejo Regulador que garantice la autenticidad y el pago justo para los artesanos y agricultores, evitando que los intermediarios se aprovechen del trabajo de los comuneros.

La ciencia detrás de la paja toquilla

La singularidad de la paja toquilla se debe a la geografía de Montecristi. Según el investigador Diego Guzmán de la Universidad Eloy Alfaro, los cerros de la zona rural son un punto estratégico donde convergen dos corrientes marinas: la fría de Humboldt y la caliente de El Niño. Este choque genera microclimas que producen una neblina constante y una llovizna fina, lo que nutre la tierra y le da a la paja propiedades únicas.

Esta característica, sumada al rol de la Cordillera de los Andes que crea una barrera natural, convierte a la paja toquilla de Montecristi en una fibra de alta calidad que no puede replicarse en otras regiones. Se han realizado intentos de cultivo en otros lugares, como Cuenca, sin éxito. La paja es una planta silvestre que no requiere químicos ni fertilizantes para crecer, lo que resalta aún más su valor. La paja se vende por cogollos a 50 centavos cada uno, y se necesitan al menos 24 cogollos para tejer un sombrero.

La tradición del tejido de paja toquilla tiene sus raíces en la cultura Valdivia, la primera que se asentó en la costa de Ecuador hace 4,500 años, según estudios arqueológicos. El arqueólogo Patricio Moncayo, en una publicación de la Universidad Eloy Alfaro, sostiene que las representaciones en figurillas antiguas sugieren el uso de prendas y sombreros tejidos. (10).

 

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