Actualizado hace: 5 horas 16 minutos
RECORDACIÓN
La violencia intrafamiliar se esconde por temor
REALIDAD La falta de apoyo económico, familiar y del Estado hace que muchas mujeres sigan sometidas al maltrato de sus cónyuges

En un colegio fiscal de los más numerosos de la ciudad hay 10 estudiantes embarazadas. Lo grave del asunto es que la mayoría está en ese estado producto de una violación, y sus padres no denuncian porque están amenazados.

Miércoles 26 Noviembre 2008 | 18:16

El ejemplo, sin nombre del plantel para proteger la identidad de las alumnas, es una muestra de los niveles que la violencia contra la niñez, adolescencia y mujeres ha alcanzado. Ayer, día de la no violencia contra la mujer, se insistió en la necesidad de que las féminas “asuman su papel y denuncien si son agredidas, caso contrario se convierten en cómplices de la violencia”, señaló Joaquina Gil, directora de la Fundación Río Manta que trabaja en prevención y atención a estos sectores, “haciendo un proceso de hormiguitas”. Esta ONG interviene en casos de agresión física y sicológica con niños; si es sexual pasa a la fiscalía. Para ello cuentan desde este año con el apoyo del INFA y del Ayuntamiento del Bilbao, España, desde hace 3 años. En el caso de maltrato a la mujer le brindan apoyo a ella pero no median ante el agresor porque es la afectada quien debe empoderarse para poner fin a la agresión, indica Gil. Red de atención 27 instituciones públicas y privadas que conforman la Red de Atención y prevención de la Violencia de Manta mostraron ayer su trabajo. 15 de ellas atendieron, el año anterior, 6.153 denuncias de violencia. Sólo la Comisaría de la mujer recibió 2.811 denuncias y el Juzgado de la Niñez y Adolescencia 1.230. Pero, como indica Gil, “la administración de justicia es el cuello de botella”; un caso de violación dura 2 años el trámite y las víctimas se cansan y se retiran, además, en esto pesan los costos, sin olvidar “La victimización que se hace de la mujer. Para ella contar con una fiscal de delitos sexuales es un buen paso y están contando con toda la colaboración para agilitar los casos. También influye para que las mujeres no tomen decisiones el hecho de no tener dónde quedarse. En Manta no hay una casa que las acoja y se ven obligadas a permanecer junto a sus agresores para no quedarse en la calle. Así las cosas, “la violencia se esconde, no se visibiliza”, añade. De eso están conscientes las estudiantes del colegio Pedro Balda que ayer llegaron a la casa abierta. Paola Delgado, Andrea Riera, Lissette Álava, Helen Baldeón, Gabriela Chávez, indicaron que si ellas no se hacen respetar no pueden obtener el respeto de los hombres. Margarita Farfán, de 79 años, dijo que debería retomarse las clases de moral y urbanidad, recuperar los valores para que vuelva el respeto.
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