Actualizado hace: 13 minutos
Melvyn O. Herrera C.
Rememorando a Carreño…

Después de un “tú, te, ti” que mantuve con un querido amigo sobre las “Normas o Código de Carreño” que nuestros padres y maestros nos enseñaban, y nosotros acatábamos, haciéndolo hasta la actualidad, noté que lo antedicho se ha convertido en una verdadera rareza, que por lo regular solo los que pasamos del medio siglo recordamos y seguimos practicando. Igual pasa con

Lunes 24 Noviembre 2008 | 20:39

“El Mensaje a García” verdadera herramienta de motivación con la que nos formamos, y luego, con él transmitimos eficiencia y ejecutividad a nuestros dependientes y discípulos. Por esto me animo a confesarles que daba por hecho que Carreño era español; resulta que el personaje fue venezolano, de nombre Manuel Antonio (1812-1874) padre de Teresa Carreño, la emblemática pianista y compositora caraqueña, y hermano de Simón Rodríguez, tutor del Libertador Simón Bolívar. Carreño escribió una reliquia libresca de larguísimo nombre que contenía normas de urbanidad y buenas costumbres que deberían, unas mantenerse y otras actualizarse, por estar desenfocadas para la época que vivimos; y por fin, debe haber “alguien” que, desaparecido Carreño, incorpore en su famoso Código la interacción del hombre moderno; por ejemplo, el uso de lo más impertinente que el hombre ha inventado: el teléfono celular; y también sobre el portentoso internet, ¿porqué no normar el comportamiento dentro de ese medio?; por decir, se sobrentiende que escribir solo con mayúsculas equivale a gritar en los mails y chateos, donde deben estar felices los ignorantes de la gramática y ortografía de nuestro bello idioma, ya que en esos medios es donde más se lo agrede. En lo cotidiano, y cuando el uso de la gorra –especialmente por parte de la juventud- ha reemplazado al clásico sombrero de nuestros antepasados, ¿no les parece que su uso debe heredar las normas de su predecesor?; por ejemplo, debe descubrirse la cabeza cuando se escucha un himno; y lo mismo conceptúo, cuando nos sentamos ante una mesa a alimentarnos; un amigo discrepa, y sostiene que solo debemos desgorrarnos en la mesa del hogar y que en un sitio público es optativo; ¿y qué decimos del uso del mondadientes (palillo)?; ¿y qué de la cortesía en las reuniones, cuando todos quieren hablar al mismo tiempo?; y en ellas, ¿qué tal, cuando todo el mundo deja botados a los concurrentes, al timbrar el celular?; ¿o si, importándoles un pito la atención que merece quien hace uso de la palabra, medio auditorio está chateando por ese adminículo? Me atrevería a decir que gran parte de culpa de la actual ineficiencia de las juntas de directorios y reuniones de importancia, se debe a esta descortés costumbre. Por todo esto es que he rememorado a Carreño, esperando inútilmente que resucite para que actualice su Código, con lo que consta y lo que falta en este espacio. Gracias. "Esperando inútilmente que resucite para que actualice su Código"
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