Actualizado hace: 34 minutos
Douglas Vaca Vera
Luciano… “el rector”

Luciano es un buen muchacho. Hombre de “gallada”. Acolitador, jacarandoso, rumbero… y tiene “ojos de gato”. Como está sin trabajo, hubo que crearle una “chamba”, aunque sea de pesquisa, de inspector, de infiltrado, para que pueda figurar y cobrar en el presupuesto universitario.

Martes 11 Noviembre 2008 | 20:35

Su labor cotidiana es parecida a la que hacían los agentes de Hitler; los de la “Santa Inquisición”; los “sabuesos” de cualquier dictadura latinoamericana. Tiene que instalarse desde las seis de la mañana, provisto de un catalejo o “larga vista”, para vigilar la llegada de los catedráticos universitarios y luego reportarlos a la oficina rectoral. Ninguna universidad respetable, de cualquier lugar del mundo, tiene este sistema… pues sería una vergüenza que los catedráticos universitarios tengan un inspector que vigile sus pasos, para establecer con cuantos minutos de retraso llegan a sus aulas. Sólo a una mentalidad aldeana se le puede ocurrir que una cátedra en el Alma Mater, se la mide por la cantidad y no por la calidad. Un maestro capacitado puede enseñar en treinta o sesenta minutos, lo que un neófito o improvisado, lo hace en dos o cuatro horas. La cátedra universitaria no es recitación, ni un partido de fútbol que necesita cumplir un tiempo establecido. La cátedra es reflexión, discusión, debate, incitación, provocación… para que el estudiante despierte de su letargo y aprenda a pensar con su propia cabeza, y se vuelva una persona creativa, cuestionadora, innovadora, que pueda asimilar y entender la ciencia. La cátedra es el más alto ejercicio de la dialéctica, o ciencia de los cambios y las contradicciones, para poder explicar el mundo que nos rodea. Pero el pobre Luciano, nunca entenderá estos menesteres. Y ponerlo de inspector, lo convierte en hazmerreír de toda su “gallada”. Los grandes catedráticos no necesitan de Lucianos. Ellos actúan por vocación, por amor a la ciencia, por cariño a la juventud y al género humano. Son sembradores de cultura, de conocimiento, de sabiduría. Si Luciano necesita trabajo… pónganlo de “capataz” en una empresa constructora de viviendas; o de administrador de algún negocio encubierto, de esos que dan buenas rentas. Pero, por favor, no le desgracien la vida al pobre Luciano, convirtiéndolo en un vulgar pesquisa, del que hasta sus propios hijos se avergonzarían. Y si realmente quieren ayudar al catedrático universitario, pongan un equipo audiovisual en cada aula de clases; que haya material pedagógico actualizado. Que el maestro tenga un salario digno; que pueda jubilarse sin sobresaltos. Y si realmente quieren servir al desarrollo del pensamiento en Manabí, y ahora que la Universidad es gratuita, creen la escuela de Sociología; de Ciencias Políticas; de Arqueología, para rescatar la identidad manabita. Que Manabí rompa sus cadenas mentales. Que su juventud sepa, cuál es la verdad de su pasado. Cómo interpretar el presente y enfrentar el porvenir. ¡Esa es la Universidad que buscamos! "Que el maestro tenga un salario mínimo"
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