Actualizado hace: 1 hora 34 minutos
Melvyn O. Herrera C.
“Mantamor”

¡“Mantamor”!, así me “nació” titular unos versos que a fines del 2000, me dictó ese geniecillo que sin anunciar invade mis neuronas y al que como otros, lo llamo Inspiración. Fue así, como por estos días (en que la ciudad-puerto-balneario que es ahora, se aprestaba –como mañana- a festejar otro 4 de noviembre) cuando escribí este poemita, que “al andar” me inspiró también su melodía y es parte de algo que se inició cuando casi imberbe, desde la orilla donde “do manso lame el caudaloso Guayas”, el azar me trajo por estos rumbos y a las cercanías de la playa de Tarqui a “rematar” telas y chucherías, terminando, ¡feliz de mi!, embrujado por el puerto “chato, polvoriento y aburrido” (al decir de Ricardo de la Fuente) que ciertamente era Manta, por allá, hace cerca de medio siglo y hasta ahora poco.

Lunes 03 Noviembre 2008 | 19:58

Pero así y todo –casi agonizando de sed- algo indescifrable, un “no sé qué”, tenía este pedazo de tierra manaba. ¡Eso!: Su mar; ¡ah! ese mar, ignoto, fresco, inmenso y generoso; y su gente, que entre nativos y mayormente inmigrantes, ya se habían hecho un solo colectivo, que invitaba a realizar todo lo que ahora existe; ¡y ahí calcé yo con mi granito de arena, cual estopa de coco a la cuaderna de una balandra!; ¡esto tenía que ser cantado!, y fácil, cósmica y eróticamente, el geniecillo entonó la primera estrofa: “Cortejando el Sol a la Mar / buscaba un lecho de arena, / para su amor consumar; / lo encontró en marea plena; / envuelto de caracolas… / deseaba en su primer cita, / regodearse con las olas, / de una playa manabita.” Y desde esas lujurias el duende avizoró esta ciudad: “Fundidos la Mar y el Fuego / en esta tierra bendita, / Natura sin mucho ruego / puso lo que necesita: / Lo que mueve al mundo: Amor, / mujeres, y hombres viriles, / y más que nada de honor, / multiplicados por miles. // Buscaron un gran cobijo / en este rincón de Ecuador; / y de él, como buen hijo / se distinguió el Pescador; / él, que irrumpe con su proa, / su corazón que agiganta, / mientras eleva su loa, / al bello puerto de Manta. // ¡Es Manta!, la hospitalaria, / la ciudad cosmopolita, / la que a constancia diaria, / está “la mar” de bonita, // porque es madre generosa, / balneario, fragua y caleta, / surco fértil de la rosa, / viento y soplo de cometa…” El final escúchenlo en la bella voz de Melissa, los arreglos e instrumentación de Tito Daniel Macías y los coros de Mafer Pérez y Piedad Zambrano; especialmente mañana que Manta está de fiesta; claro, si lo bajan del web de este diario, o solicitándolo a las distintas radios y canales de TV de Manabí que tienen la bondad de poner como fondo musical de sus transmisiones cívicas esta cancioncita, que no es otra cosa que la musical declaración de amor de un inmigrante agradecido del suelo, el mar y la gente que lo acogió. Nada más. "Un inmigrante agradecido del suelo, el mar y la gente que lo acogió"
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