Actualizado hace: 28 minutos
Childerico Cevallos
Vigorizar la imagen del policía amigo

En alguna ocasión, la cúpula de la Policía Nacional efectuó en Quito, Guayaquil, Cuenca y Ambato talleres de carácter sectorial, a las que asistieron invitados de provincias cercanas a las ciudades ejes, para que participen en talleres de diagnósticos a objeto de delinear “la nueva Policía para el siglo XXI y una propuesta de políticas de Estado para la seguridad ciudadana”.

Domingo 02 Noviembre 2008 | 20:42

El fin: lograr cambios en conducta, actuación y preparación de los uniformados, en los niveles de oficialidad y tropa, para que sus conocimientos y estrategias de trabajo estén acordes con las necesidades y exigencias de la nación, de la población contemporánea. Los resultados anhelados no han llegado con la agilidad que espera un país ávido de seguridad y paz social, pero son notorios los deseos de cambios y los esfuerzos que la institución uniformada efectúa para una mejor función profesional. No se puede negar los avances tecnológicos para una investigación más eficiente que los detectives criollos están aplicando en el desarrollo de su trabajo, logrando pasos positivos; sin embargo, es también notoria la pérdida de credibilidad que los policías, como personas, han sufrido debido a los múltiples casos de corrupción, delincuencia y abusos comprobados, mermando seriamente la confianza de la sociedad. Y para conjugar ambos factores hay que señalar causas y efectos. Indudablemente, hay que empezar por la cabeza, por el mismo gobierno, que ahora no se ha preocupado por cumplir con el incremento del número de elementos policiales, como en los gobiernos anteriores. Policías sin o con armamento viejo, que los expone a ser víctimas de la delincuencia, a la que le sobra armas sofisticadas y que viaja en vehículos que se burlan de los patrulleros; destacamentos en condiciones precarias, vergonzosas, a veces infrahumanas. Pero hay buena señal porque se anuncia nuevas adquisiciones de armas y aditamentos respectivos. Personal de tropa – especialmente - sin incentivos ni protección social futura, con esperanzas de mejorar su vida familiar y casi conviviendo con la delincuencia en barrios peligrosos hasta que la institución mejore un plan habitacional para brindarle. Y ausencia de proyectos de actualización de objetivos y adoctrinamiento institucional, para permanentemente refrescar a toda la policía lo meritorio de su misión, el honor y la responsabilidad que significa pertenecer a esa entidad. Hay que rescatar la imagen del policía amigo, que no es cuestión únicamente del respeto ciudadano sino del interés del comando nacional en recuperar el digno brillo que debe surgir del uniforme policial. Y si es preocupación institucional dar pasos hacia una vigorización de la Policía, pues qué mejor que inmiscuirse más en el alma de la sociedad, extendiendo la mano para ayudar o ser ayudado, cuando las condiciones lo demanden. Así, la solidaridad irá de la mano con la seguridad. "Rescatar la confianza en el ciudadano uniformado "
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