Actualizado hace: 2 horas 11 minutos
Ramón Roberto Rivadeneira Rodríguez
La no violencia

La felicidad no puede ser continua, viene y se va como haces luminosos de un faro. Si el hombre mantiene la pureza del pensamiento, la felicidad le acompañará como si fuera su propia sombra. A veces parecemos niños extraviados en busca de alguien que nos dé la seguridad que no hemos podido conquistar por sí mismo.

Viernes 31 Octubre 2008 | 20:55

Los pensamientos nos moldean y aquello que pensamos se puede convertir en realidad. El acto es el florecer del pensamiento y la felicidad o el sufrimiento son sus frutos, de esta manera el hombre almacena ya sea el dulce o el amargo frutal de su propia labranza. Hace muchos años hubo un hombre que con paciencia llegó a destruir a un dragón fabuloso, mítico, de gran fuerza y poder. Se preguntarán ¿Será Job? El de la escritura bíblica quien aceptó pacientemente las pruebas de su fe inquebrantable en su Dios, no. Me refiero a uno que vivió en el Siglo XX que hizo temblar al país de Robin Hood, al de Fernando Corazón de León, el de Enrique VIII fundador de la iglesia Anglicana, el país de Shakespeare que escribió Romeo y Julieta, Hamlet, El Rey Lear. Julio César, Cleopatra, Marco Antonio, etc., El País de Cromwell, el país donde se dice que es originario el fútbol o soccer. Ese hombre paciente del siglo XX no fue otro sino Gandhi quien a pesar de las consecutivas agresiones que sufrió por parte de este país poderoso, nunca reaccionó de manera violenta, más bien cuando pudo llevó a sus discípulos a un cementerio y allí les pedía que gritaran a los muertos con todas sus fuerzas cualquier clase de insultos y agravios. Después así mismo les pedía que gritaran toda clase de halagos y felicitaciones y luego sentado con ellos junto a las lápidas les decía que hay que aprender de los muertos, como ellos, hay que ser indiferentes tanto a las ofensas como a los elogios, porque puede florecer la virtud, la bondad y la comprensión. Según Gandhi cuando un hombre pretende no ser violento no debe irritarse contra aquel que lo ha ultrajado. La no violencia comprendida de esta forma se convierte en inocencia absoluta. La no violencia absoluta es una ausencia total de mala disposición contra todo lo que vive. Ellos no han sido creados para satisfacer nuestros instintos destructores. La no violencia es un estado perfecto. Se dice que el hombre no llega a ser divino hasta que su persona encarna la inocencia; es entonces cuando verdaderamente llega a ser hombre. Tal como somos ahora semi hombres-semi bestias tenemos la pretensión en nuestra altiva ignorancia de llenar el papel encomendado a nuestra especie cuando devolvemos golpe por golpe y nos abandonamos a la cólera. "Cuando un hombre pretende no ser violento no debe irritarse"
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