Actualizado hace: 3 horas 23 minutos
Francisco Mendoza Guillem.
¿Y el río…?

Con mucha tristeza asumí la decisión tomada de eliminar la Fundación Rió Portoviejo; de igual manera cuando los recursos que voluntariamente habíamos aportado por concepto de donación del 25% del Impuesto a la Renta fueron invertidos en el parque central. No me opongo que se lo halla regenerado, está bonito, pero con esos recursos NO, mil veces no, porque ese dinero fue producto de la voluntad de cada contribuyente, que expresamente, mediante ciertas formalidades, declaramos ante las autoridades tributarias nuestro deseo de que se los utilice o se los inviertan en la restauración o recuperación del río Portoviejo.

Sábado 17 Mayo 2008 | 20:14

Posteriormente, a inicios de este año -y creo que en el informe dado el cinco de enero- manifestó la señora alcaldesa que en este periodo era prioridad uno el rió Portoviejo; y nuevamente en mi se aperturaron nuevas esperanzas. Que por fin la administración y el gobierno municipal habían entendido que el rió Portoviejo no debería ser la puerta trasera de la casa (como lo ha manifestado el Lcdo. Pedro Zambrano Lapenti); que los dignatarios y funcionarios seccionales entendieron que el río es la fuente de la cual nos proveemos del líquido vital, que no tan sólo los seres humanos nos aprovechamos de sus ventajas sino también los animales y vegetales se benefician de sus bondades. En mi reflexión, cuando leí los datos periodísticos que anunciaban la decisión de atender al río Portoviejo como prioridad uno, me imaginé que dentro del presupuesto se irían a considerar los recursos necesarios para implementar acciones con decisiones, como la de sancionar a aquellas personas -o malas personas- que mantienen tuberías de aguas negras directas al río Portoviejo. O quizás administrativamente solucionar las descargas de agua negras que la poza de oxidación emite al río Portoviejo, o simplemente que la administración municipal haga respetar la ordenanza que determina cuáles son los parámetros indicadores de prohibición de ocupación de las riveras del rió, declarados como zona protegida. Pensé, igual, que la alcaldesa y la administración municipal habían tomado la determinación de buscar los recursos para solucionar, de una vez por todas, el problema de las inundaciones del río; creí que aquel proyecto, realizado por un profesional serio cono el Ing. Glen Flores, iba a ser al menos analizado, para ver si era o no conveniente ejecutarlo. Particularmente considero que llegará el día en que habrá que tomar la decisión para luego realizar la acción. Me pregunto, y les pregunto a todos, ¿cuál es el puente más antiguo? La respuesta es el Velasco Ibarra y es el que mayor luz tiene; si, y es el más alto. ¿Por qué será?. Ojalá estas consideraciones sean tomadas en cuenta en la construcción del nuevo puente, que los estudios y diseños estén bajo las recomendaciones técnicas; que no se cometan errores y que este puente no se convierta en cuello de botella o en un embudo que provoque grandes perjuicios a la colectividad, que merecidamente debería haber sido indemnizada por los actos administrativos irresponsables que ocasionaron mayores inundaciones. Por otra parte, la agresión del hombre con su irrespeto a la naturaleza ha conspirado para que los niveles del agua del río afecten cada día más al ciudadano portovejense; no nos olvidemos que el agua en una ocasión llegó a la céntrica calle Pedro Gual.
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