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Editorial
La humanidad debe apurar su equilibrio

Cien mil muertos en Myamar (Birmania), diez mil en China, fallecimientos en los Estados Unidos, damnificados por miles y todos estos lugares donde la naturaleza expresó su violencia en tifones, terremotos, tormentas tropicales, erupciones volcánicas, etc. Cientos de miles de hectáreas de cultivos destruidos por las inundaciones, mientras otras tantas se destruyen por la cruel sequía. Escasez de alimentos en buena parte del globo e imposibilidad de acceder a ellos por parte de más de la mitad de la humanidad; ese es el panorama que muestra el mundo en el momento.

Martes 13 Mayo 2008 | 21:32

Aparentemente no hay causa exhibible; se trataría de sucesos naturales, fortuitos que se registran sin intervención del hombre. ¿Pero por qué ahora? Por ahí comienza a desenvolverse el ovillo. Ahora hay mucha más gente sobre la tierra. 6.500 millones de habitantes demandan más alimentos, combustibles, tejidos, papel, materiales de construcción, etc. Parte de esa población demanda excesos que se convierten en automóviles y camiones, mansiones, yates, etc. todo lo cual, sumado a las verdaderas necesidades de la población, conforma una sobreexplotación de los bienes naturales que desequilibran la tierra, mucho más que el calentamiento global, mucho más que el agujero de ozono. El problema más grave es el exceso de población; y, dentro de ella, el desequilibrio en la disponibilidad de recursos para asegurar su capacidad de compra. Este último factor produce la paradoja que cuando más abundantes son los alimentos que se producen, más gente muere por falta de ellos, pues no alcanzó a reunir el dinero para pagarlos. El hombre ha roto el equilibrio de la naturaleza, pero ha comenzado por romper el equilibrio de su propia especie. Si no se lo recobra, si no es capaz la Humanidad de generar una redistribución de los recursos a la población para que vuelva a ser autosuficiente, la tragedia se acentuará con la respuesta del planeta a los excesos que comete el hombre en su propio daño.
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