Actualizado hace: 3 horas 42 minutos
EDITORIAL
Los jueces de este tiempo

“No hay sociedad sin conflicto” afirma Alberto Binder y precisamente el conjunto de normas que regulan esos conflictos y que se llama derecho, están ahí para que los jueces, al aplicarlas, entreguen a cada quien lo que le corresponde.

Lunes 12 Mayo 2008 | 20:32

Ellos son entonces los árbitros de la sociedad, los supremos garantes de la paz y la armonía. Sin ellos no existe una sociedad que se precie de civilizada. Pero claro, en esta tarea, dice el mismo Binder, “los jueces deben desglosar cada disposición, comportamiento y circunstancia y es así como traen la ley desde su plano abstracto y la aplican al caso concreto y al interpretar su contenido y asimilarla a la realidad, los jueces definen los derechos y deberes de los individuos de donde emanan sus prerrogativas y responsabilidades en consonancia con el ordenamiento jurídico.” Los jueces, por tanto, además de ser árbitros y garantes de la sociedad, son también guías y luces de la comunidad porque sus fallos iluminan a los que se extravían y señalan al mismo tiempo el camino apropiado por donde debemos transitar todos. Y en este proceso de guiar, de señalar las mejores vías, tienen que sancionar, que es igualmente parte fundamental de sus obligaciones, a los que viven al margen de la ley y a todos aquellos que hacen o han hecho de sus vidas un permanente homenaje al pillaje, a la estafa, al fraude precisamente para precautelar los valores en los que descansa una nación. Este tipo de conducta de los encargados de proteger y aplicar la justicia es lo que permite decir que vivimos en una sociedad civilizada. Pero los jueces también ejercen una función que ahora, con la globalización de la economía, ha tomado particular importancia para todos los países que buscan mejorar el nivel de vida de sus habitantes. ¿Cuál es esa? Bueno, son promotores del desarrollo. Y ¿cómo así? Bueno el dar a cada quien lo que corresponde, el concepto milenario e invariable de justicia, le suministra a la comunidad una elevada dosis de paz y al tener a la mano este bien tan valioso, inyecta aliento a sus miembros para que dediquen sus mejores esfuerzos a trabajar por el desarrollo de la sociedad. Y en esta tarea el país crece, la economía se expande, se impulsa la inversión extranjera, se eleva el nivel de empleo lo que trae paz social, se mejoran los ingresos nacionales y los gobiernos pueden cumplir sus metas. Los jueces de este tiempo entonces pueden ayudar a que el país salga del subdesarrollo en el que aún vivimos. ¿Cómo? sólo haciendo bien su trabajo. Qué fácil es. Walter Andrade Castro | wandrade@bcmanabi.com
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