Actualizado hace: 15 minutos
Solón Pinargote Sánchez
Nuestros entrevistadores

Quienes a diario vemos la televisión ecuatoriana somos testigos de la calidad y del talento de los entrevistadores que existen en el país; y digo calidad por cuanto para entrevistar a una determinada persona se debe estar lo suficientemente preparado para que la entrevista sea un éxito; es decir, extraer del entrevistado lo que el público quiere saber. Lamentablemente muchos de ellos, siendo inteligentes, talentosos y con mucha capacidad de discernimiento, caen en lo que se llama chisme, cuento y enredo. En otras palabras, caen en lo que se da en llamar noticias, verdadera o falsa, pero pretendiendo casi siempre indisponer a una persona con otra o con la ciudadanía en general, o lo que es igual generar enredo capaz de ocasionar disturbios en la ciudadanía y esa, no es, ni debe ser la función del entrevistador.

Viernes 09 Mayo 2008 | 22:45

El entrevistador, llámese periodista, debe entender que el protagonista en una entrevista no es él, es el entrevistado, ya que éste se constituye en el momento de la entrevista en el personaje principal del suceso; lamentablemente en alguno de ellos, refiérome a nuestros entrevistadores, ocurre todo lo contrario al emitir juicios de valor sobre lo que ellos mismos preguntan. Y muchas veces ni siquiera esperan la respuesta del entrevistado como para sostener lo contrario, entrando con ello a la figura del debate para la cual el entrevistado no fue invitado. Son cositas que al parecer son insignificantes pero no es cierto, debemos tener mucho cuidado en estos detalles, de lo contrario la entrevista siempre será un fracaso; y, lo que es peor, entripa, enfada y enoja al televidente. La entrevista perfecta consiste en preguntar y repreguntar al entrevistado sobre hechos de fondo en todo su contexto, y si algo quedase flotando repreguntarlo hasta que el receptor, que es el televidente, a juicio del entrevistador, quede completamente satisfecho. Por su parte éste, es decir el entrevistador, que a la vez se constituye en moderador, puesto que tampoco debe permitir que el entrevistado vaya más allá de la pregunta, expresará su criterio, si lo cree del caso, al final de la entrevista. El entrevistador, sobre todo, debe saber que en una entrevista está haciendo noticia para conocimiento y posterior divulgación de uno o varios hechos; debe estar consciente que su tarea es comunicar generando la noticia desde su foro; y para eso hay que saber noticiar, hacer saber una cosa. Es verdad que cuando entrevistadores confunden entrevistas con debate de alguna manera informan, pero no es lo correcta, lo uno es lo uno y lo otro es lo otro; o es entrevista o es debate; o permitimos que el entrevistado informe sobre lo preguntado o el entrevistador habla más que el entrevistado queriendo alcanzar el protagonismo del espacio. Porque de ser así mejor invitemos a debatir, en cuyo caso habrá que buscar un moderador, y un moderador que se las pinte, ya que, de lo contrario, éste no podrá ni siquiera hablar. Es una crítica sana y constructiva y que ojalá aquellos que se sientan inmersos en estas falencias, puesto que son gajes del oficio, reparen que reflexionar es de inteligentes y solamente así podrán hacer de su ejercicio profesional un apostolado que sirva de ejemplo ciudadano.
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