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AUSTRIA
Padre encerró a su hija por 24 años en un sótano
REALIDAD Policías custodian la casa donde una mujer de 42 años había sido encerrada y sexualmente abusada por su propio padre

El caso de una mujer que acusó a su padre de haberla encerrado en un sótano durante 24 años, abusar de ella sexualmente y hacerle siete hijos, en la localidad austríaca de Amstetten, sacudió ayer la opinión pública de Austria.

Lunes 28 Abril 2008 | 22:13

Muchos de los detalles de esta terrible historia, que recuerda y parece aún peor que el suplicio sufrido durante ocho años por la joven Natascha Kampusch, secuestrada en las afueras de Viena, aún quedaban por aclarar. Pero las primeras informaciones difundidas por las autoridades revelaban ya uno de los más graves casos de abuso sexual en la historia criminal de la república alpina. Elisabeth Fritzl, de 42 años, acusó a su padre, Joseph Fritzl, un jubilado de 73 años, de haber abusado sexualmente de ella desde que tenía 11 años, y de haberla encerrado en 1984 en un sótano donde pasó los últimos 24 años en cautiverio. Delitos Gerhard Sedlacek, portavoz de la Fiscalía de Sankt Poelten - capital de Baja Austria-, aseguró que las declaraciones de Elisabeth, que incluyen "acusaciones de masivos delitos" contra su padre, son "creíbles". Josef fue detenido ayer por la policía austríaca, y tras negarse en un principio a declarar, acabó por fin revelando el código electrónico que permitía abrir el "calabozo" subterráneo donde encerró a su hija y a sus supuestos hijos-nietos, según informó el jefe de la Oficina contra el Crimen de Baja Austria, Franz Polzer. La citada Oficina y la Inspección de Policía, encargados de las investigaciones de este caso, han ordenado exámenes de ADN de los implicados para aclarar las relaciones de parentesco. Y es que todo apunta a que la víctima tuvo siete hijos de su padre, de los cuales uno murió poco después de nacer. Los demás son tres varones y tres chicas que hoy tienen entre 5 y 19 años, y nacieron todos en el sótano de varias habitaciones de la vivienda habitada por Joseph Fritzl y su esposa, Rosemarie, quien declaró que no se había dado cuenta de lo que estaba pasando.
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