Actualizado hace: 5 horas
Oswaldo Moreira Zambrano
Dos mujeres en la JRH

Son como dos hermanos los corazones ardientes del cuento, tanto supieron de agua que se ahogaron en un mar de conocimientos hidráulicos de un centímetro de profundidad. Dos mujeres con pequeña embriaguez de poderío, el gobierno las coronó soberanas absolutas de la JRH, pero un día inolvidable de abril, todavía vestida de reina, la efímera presidenta del tremendo directorio, hizo sus maletas y se marchó para siempre, se fue como la noche cuando llega el día, se fue como algo que se va y no vuelve. Renunció. Todo aquello ha terminado. ¿Orgullo femenino? No sabemos, es difícil, casi imposible, explicar lo inexplicable, y mejor lo dejamos así, en eterna situación de duda.

Lunes 28 Abril 2008 | 22:12

Lo que sí sabemos es que la obra “Corazón ardiente”, del Dr. Albert Liebermann, es una continua fuente de inspiración de la que usted puede beber para calmar la sed y dar de beber al sediento. Quedó la gerente. No se preocupe, buena señora. A este valle de lágrimas hemos venido, usted, como la figura de la mujer de corazón ardiente bajo el hechizo de la sonrisa presidencial, y nosotros, ciudadanos sedientos exigiendo a la JRH el establecimiento de una verdad absoluta en esta época revolucionaria, porque si antes la junta apestaba, ahora huele a perfume pelucón Chanel N° 5. Pero, no despida a los vehículos tanqueros, déjenos vivir locos de contento como el jibarito aquel, con cinco tanques de agua en amplios y antiguos sectores de la ciudad de Jipijapa que no cuentan con agua entubada –perdón- con agua potable, y son esos benditos tanqueros los que logran calmar la sed de nuestro angustiado pueblo, mientras seguimos entretenidos con eso de que “la Junta ya es de todos”, aunque todavía no esté clara la dirección que se le quiera dar; entonces, no debemos abusar botándolos de su trabajo, porque de existir alguna irregularidad, eso le corresponde investigar al Cachito Vera, flamante secretario anticorrupción. Recuerde usted el caso bíblico del tan conocido juicio de Salomón, en el que dos mujeres alegaban ser la madre de un niño, cuando biológicamente esto no es posible; como tampoco es posible mantener a la población preparando chocolate con lágrimas a falta de líquido vital.
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