Actualizado hace: 9 minutos
Melvyn O. Herrera C.| melvynherrerac@hotmail.com
Cincuenta años…

Perdonen la personalización, es que 50 años no se cumple siempre, peor si son de trabajo: En febrero del 58, casi un niño, me instalé en la puerta de un guayaquileño colectivo urbano, el que también fue mi hogar por otros 4; de ahí, entre el colegio nocturno, el taxismo, la buhonería –que me trajo a Manabí-; un empleo de vendedor; la iniciativa empresarial; aprendiendo en la Universidad de la Vida y en la académica; materializando ilusiones; con fracasos que produjeron triunfos, y venciendo hasta a la mala suerte, heme aquí, solvente, lúcido, aspirando por lo menos 20 años más de trabajo, a menos de que me lleve la parca, o yo mismo me “despache”, si llego a no valerme.

Lunes 28 Abril 2008 | 22:11

Con siete oficios, pagada ya y bien, la irresponsabilidad de haber aportado en demasía a la explosión demográfica, ahora, haciendo acopio de lo aprendido, cuajando viejos sueños inmobiliarios, culmino mi libro de poemas y prosas; vuelo en mi música; promuevo inquietudes sociales; persisto en una frustración que se llama Zoframa; malogro la acción de mafias organizadas; y trato de hacer desde esta trinchera/columna, “el gran negocio”: Mejorar la Sociedad; ya que, si ésta es paupérrima, menos demandará; pero con salud, educación y seguridad -fundamentalmente- ella mejora, y más adquirirá bienes y servicios en un círculo virtuoso; así es de sencillo, aunque muchos políticos, sociólogos, y economistas, lo hacen difícil para vendernos complejas soluciones. 50 años de trabajo, que cada día me convencen de que trabajar es lo que más dignifica al hombre; aunque cada día en nuestro país sea más escaso por algunas razones, entre ellas, porque quienes deben promoverlo, no escuchan a los que sabemos generarlo, y establecen teóricos remedios, que son peor que la enfermedad. Con este aval, saco algunas conclusiones: Todo ha cambiado para peor; repitiéndose en nuestro país, “último día de velasquismo y primero de lo mismo”; en lo que quiero estar equivocado. Comparo la naturaleza que recibí con la que estoy dejando, y la veo depredada por la superpoblación local y mundial, que se apronta a la inevitable hambruna, sed, y a la guerra -la final- afirmando las teorías de Malthus. Agregando con mi particular realismo, que es lo mejor que le puede pasar a la Tierra, que tuvo el infortunio de que sobre su faz, habite el Homo Sapiens, quien fue feliz obedeciendo la única Ley que existe, la Natural; pero que al desarrollársele los pulgares, evolucionó lo que supuestamente es su inteligencia, y trata de descifrar lo inescrutable, se crea dioses, y hasta dicta leyes… Releamos a Rubén Darío en su poema “Lo Fatal”. Culmino ratificando que, como la jubilación no existe para mí, seguiré trabajando, pensando, estudiando, leyendo y escribiendo, hasta que me soporten, o suceda lo que les dije al inicio. Gracias.
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