Actualizado hace: 4 horas 20 minutos
Jaime Ugalde Moreira
¿Oportunidad o amenaza?

El consumo de alimentos crece en el mundo. El Estado ya no puede ver los productos agrícolas como mercancías, tiene que mirarlos como recursos estratégicos. 1.300 millones de chinos y 1.100 millones de hindúes alcanzaron un mejor poder adquisitivo y demandan más productos para subsistir.

Miércoles 23 Abril 2008 | 20:51

Una cifra puede ayudar a dimensionar este fenómeno que ya se siente y que según los expertos tomará fuerza con el pasar de los meses: sólo la “clase media” de China, compuesta por unos 350 millones de personas, puede consumir la cantidad de alimentos que ingieren los 365 millones de habitantes que tiene América del Sur. Hay otros dos eventos que afectan el “mercado internacional de la nutrición”, el cambio climático, que destruye grandes extensiones de cultivos en todo el mundo; y la demanda de productos agrícolas para producir biocombustible. Esto último hace que el uno por ciento de las tierras cultivables del Planeta ya no se use para generar alimentos, sino, como materia prima para “diésel ecológico” que hoy, es una alternativa frente al precio del petróleo. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) maneja cifras concretas que permiten visualizar la realidad. Cito unos pocos ejemplos: “el maíz de EE.UU. destinado a la producción de combustible, que se ha duplicado desde el 2003, se incrementará de 55 millones de toneladas en el 2006 a 110 millones en el 2016. En la Unión Europea se prevé que el uso de trigo para producir biocombustibles se multiplique por doce hasta las 18 millones de toneladas en el 2016”. Las reservas mundiales de cereales al cierre del 2008 descenderán en unos 420 millones de toneladas, el más bajo desde 1983. Pero hay más datos interesantes: “también cambia la dieta mundial, de alimentos ricos en almidón a productos cárnicos. En base a las calorías, 3 kilogramos de cereales equivalen a un kilogramo de carne de vaca o cerdo. En China, el consumo de carne per cápita aumentó de 20 kilogramos en 1980 a los 50 actuales”. Esto no sólo afecta a los precios, también a la naturaleza: para producir un kilogramo de trigo se necesita entre 1.000 y 2.000 litros de agua, para un kilogramo de carne vacuna entre 10.000 y 13.000 litros del elemental líquido, dice la FAO. Jacques Diouf, Jefe del organismo, ya anunció que “sí dejamos las cosas tal como están, corremos el riesgo de tener catástrofes nacionales que tendrán impacto en la estabilidad del mundo entero”. Y es verdad. Continuamos afectando el planeta, pero además, a corto plazo, los mejores precios internacionales originarían, según los expertos, un desabastecimiento interno. Si es así, el hambre afectaría con más fuerza nuestros países. Pero el fenómeno también puede ser una oportunidad. Esta es la visión que debemos priorizar. El campo y el mar se deben convertir en una fuente de riqueza sustentable. Se necesita con urgencia una política nacional de fomento y productividad, para enfrentar la demanda de alimentos.
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