Actualizado hace: 19 minutos
Eduardo Kaviedes
Escuchar, mirar, oír y ver

La revolución ciudadana puede hacerse en paz y de esa manera obtener las normas para funcionar socialmente sin mayores sobresaltos. Para eso la revolución ciudadana debe abatir la inequidad social que ha llegado a niveles vergonzosos, insoportables. Sin embargo, han sido muchos los prejuicios mediáticos, muchos los miedos que se han ido inoculando como intentar desvirtuarla toda o descomponerla hasta provocar caos.

Martes 22 Abril 2008 | 20:02

Los perdedores, básicamente debemos intentar hallarlos en aquellos sectores pequeñitos que siempre han visto al Estado, a la sociedad, como el escenario en donde pueden acrecentar sus ganancias. Hacer que por fin algunos paguen impuestos no es otra cosa que un orden mínimo para crear un mínimo de justicia estructural. La revolución ciudadana ha llegado después de muchos años de consistente descomposición, en un prolongado caos que no respetaba a las instituciones que el Estado necesita para funcionar. Hasta las vísperas de Correa, la vergüenza era lo único que nos identificaba como ecuatoriano. La derecha no ha podido, porque no ha tenido la capacidad de proponer algo decente sobre la futura sociedad. Sin una visión no hay debate posible. Álvaro Noboa ha sido su mejor carta en los tres últimos procesos electorales. ¿Es Álvaro Noboa un político presentable? Sin embargo, las voces que desde los medios se repiten hasta el aburrimiento, intentan mantener el sistema nostálgico de los privilegiados. La revolución ciudadana, que cada día deja más clara su distancia con respecto a otros procesos de América Latina, es vista con simpatía.
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