Actualizado hace: 23 minutos
Fernando Navia Gallardo
¿Hasta cuándo?

Escuché hace poco a Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), expresando su preocupación por el alarmante incremento de precios de los alimentos a nivel mundial.

Martes 22 Abril 2008 | 19:59

Ella sostiene que “el encarecimiento de los productos alimenticios se debe a la combinación del aumento del precio del petróleo, el de la demanda de combustibles biológicos, el desarrollo de India y China y los fenómenos climáticos cada vez más extremos que afectan la producción alimenticia mundial; desde hace tres años, consumimos más de lo que producimos, esencialmente por la producción de estos combustibles biológicos", explica la directora del PMA. Desde junio pasado los precios de la alimentación han aumentado un 40%, cual ola que está golpeando a toda Latinoamérica. En Haití, Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y Panamá, la inflación está rompiendo al alza todas las previsiones de los economistas, debido al incremento del precio de los alimentos, como el trigo, el maíz, el arroz o la soja. El mundo tendrá que esperar que, en medio de las crecientes cifras de muertos por hambre en África y la inestabilidad política de los gobiernos del tercer mundo, los países del primer mundo entiendan que la escasez de alimentos impone una nueva lógica a la dinámica de los mercados globales. El costo de la sustitución de petróleo por combustibles de origen vegetal no lo deben pagar los pobres del mundo. La lucha geo – política entre occidente y medio oriente no los deja ver, peor aceptar que las reglas del mercado cambiaron. Desde Tokio hasta Londres deben evaluar tres cambios de inusitada importancia: existen recursos críticos que empiezan a escasear gravemente, a niveles de que se los podria considerar finitos (agua, reserva de aire puro, capacidad de siembra de granos, etc); segundo, dichos recursos están en manos de un tercer mundo cada vez más cohesionado en bloques regionales; y, tercero, la sustitución de petróleo por combustible vegetal sólo da más poder de negociación al tercer mundo. Esto ha mejorado increiblemente los términos de intercambio del tercer mundo respecto al primero; pero, paradójicamente, mata de hambre a los pobres del tercer mundo. Para salir de este esfuerzo de suma cero provocado principalmente por los biocombustibles, el primer mundo, léase occidente, debería llenar al tercer mundo de recursos para mejorar la productividad agrícola, la seguridad alimentaria y la distribución del ingreso. Sólo así el primer mundo podrá abastecerse de recursos críticos del tercer mundo en condiciones de libre mercado. Hasta entonces, insistir en biocombustibles es hechar gasolina a la creciente hoguera de hambre mundial. "El primer mundo debería llenar al tercer mundo de recursos"
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