Actualizado hace: 17 minutos
Jorge Bello M.
¡Fuera de contexto!

¡No lo que dije! ¡Lo que publicaron no es exacto! ¡Lo que publican, se lo dije al periodista fuera de la entrevista! ¡Están contra mí! ¡Sólo publican lo malo! ¡Son enemigos de mi administración! ¡Para ellos (los medios) no hay nada bueno!

Viernes 16 Noviembre 2007 | 21:18

¡De todo lo que me preguntaron, sólo publican lo que les interesa! Todas, son frases comunes en el lenguaje de funcionarios y gobernantes, al momento de lamentarse o refutar la labor de la prensa. Ansían “prensa amiga”, que entienda de sacrificios y entregas; “aplaudidora”, no cuestionante y complaciente; otros, sólo esperan una prensa profesional y ética de verdad. Es natural del oficio periodístico y por lo tanto de la prensa, el cuestionamiento y la búsqueda de la verdad a través de preguntas y análisis independientes de presiones, relaciones afectivas o de intereses económicos, políticos o particulares. Eso no se entiende desde el poder y siempre incomodará. El poder tiene su propia visión desde el lado de la vereda que le toca actuar. La inconformidad por el fastidio que provoca una prensa cuestionante no es ni será patrimonio de los gobiernos de turno, sino de todos. El periodismo es un contrapoder, que genera equilibrio en las sociedades y como tal un objetante del poder. Ante ello habrá que buscar, cada vez más, desde los dos lados de la vía, una verdadera profesionalización y preparación. Las personas que representan el poder político a través de cargos públicos, dignidades de elección popular o funcionarios que son constantemente requeridos por los medios, hablan sin conocer sus potencialidades y menos el uso adecuado (no manipulación) de los medios para el desempeño de sus funciones; un ejemplo: El funcionario es abordado por un reportero y habla por espacio de diez minutos o más de todo lo que le preguntan y lo que no le preguntan, dice mucho, hace frases inmensas para decir solo si o no; el reportero, que además hace entre cinco y siete de las mismas entrevistas en una mañana a personas que hablan y hablan, llega a su medio y recibe la orden de editar, por cuestión de tiempo o espacio, cada una de esas entrevistas a treinta segundos, un minuto o un minuto y medio o determinado número de caracteres. Entonces el reportero intenta usar su capacidad de síntesis de la manera más adecuada y honesta, ubica la parte que a su forma de ver sea la más impactante, noticiosa o que refleje una respuesta a su cuestionario en agenda, su agenda, teniendo como relación lo que cree interesa a su audiencia y no a la oficialidad, que siempre esperará se publique todo lo que dijo, lo que es material y físicamente imposible. Hay maneras de acercar intereses y agendas, remediar técnicamente estos aspectos de la comunicación oficial con la social independiente de manera transparente, se requiere apertura, visión, disciplina y conciencia, sobre todo de quienes están en función pública. Y también de periodistas que en cada nota deberán procurar precisión, corroboración y adecuada contextualización, para evitar la famosa queja: “me sacaron de contexto”.
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