Actualizado hace: 3 horas 12 minutos
Miguel Sacoto Guillem
El tiempo es una cábala

Como niños aferrados a un juguete, dos bohemios discutían sobre qué es el tiempo.

Jueves 15 Noviembre 2007 | 21:08

Habían bebido varias horas; trataban de estirar el concepto, como liguero. Observando que esta discusión no llegaba a un final, sin ser yo invitado y utilizando la habilidad del árbitro en un duelo, al separarlos le dije que emitiría mi criterio. Cualquier opinión que vertiera, me importaría un comino, así lo pensé porque, a quienes me dirigía estaban distantes de lo que es el raciocinio; tan perdidos que no sabían si era de día o de noche. Se habían enredado tanto, que no atinaban a escoger la ruta, para llegar a casa. Me daba lo mismo, que las palabras que brotaran de mi boca, como humo en una noche de frío, tuvieron eco en ellos. Como sacerdote en el podio, con tono fuerte y con las palabras bien articuladas, para que no se rompan del eslabón las oraciones gramaticales, les dije: el tiempo para mí es puertas abiertas, puertas cerradas, párpados abiertos, párpados cerrados, pupilas dilatadas, pupilas contraídas, risas con fuertes carcajadas, llanto que moja todos los manuscritos archivados, cartas sin ser depositadas en el buzón. El tiempo es el papel blanco que se torna cetrino, pergamino donde se calcan las huellas del camino, lleno de abrojos, de dificultades, de retos, de dichas, de ilusiones prendidas en el pétalo de una flor; de tempestades, del peregrino, abatido de desengaños. El tiempo es viento que golpea las veredas de los recuerdos, buscador de la felicidad ansiada. Continué parafraseando dislocadamente emitiendo mis conceptos, repetía en forma airada como que me ponían espina en el pasado. Escuchen, pongan atención bebedores del tiempo, El tiempo, para mí es gota que se escapa de un barril con agujero, abriendo grietas en las polvorientas calles de los pueblos; es el agua que se nos va de las manos, es penumbra y claridad; es el amigo que llega sin ser invitado, que se acuesta en nuestro sillón de descanso; es el cabello teñido de un anciano, es la sonrisa expresada con medida, la palabra dicha con despacio y mayor acento. El tiempo, es un dado que se echa a rodar en la mesa de un casino; es la ruleta que se para en la flecha de un número cualquiera; es una baraja sin ases; es el hierro lleno de moho, es un cielo despoblado de nubes; es el pasillo de un túnel; la espesa neblina de humo de cigarrillo en una taberna; es el agujero en una fruta, hecho por un gusano. Después de haber hablado tanto y buscar los conceptos, en el libro de la vida, marcaba el tiempo las cinco de la madrugada y terminé diciéndoles: en el reloj de mi piel, el tiempo es un espiral, donde ruedan las canicas de la niñez, la juventud y la senectud, donde la ilusión se quedó en la punta inicial y desprendió llanto, al caer en la punta final de la serpentina de los años. El tiempo es una cábala…
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