Actualizado hace: 28 minutos
Fernando Macías Pinargote
Mirar hacia el sol

Fracasaron los métodos de control. El vaivén de la natalidad en Asia dio como resultado que la China y la India tengan, juntas, 2.452 millones de habitantes, más de la tercera parte de la población mundial.

Jueves 15 Noviembre 2007 | 21:07

A decir de los analistas, el problema principal de estos dos países es el efecto de su demanda. China, con una economía en expansión incontenible, está viviendo un proceso de occidentalización de sus costumbres alimentarias. Ahora los chinos, por decreto, son obligados a consumir más leche, más carne y otros productos. La demanda por elementos como el trigo ejerce presión y eleva los precios internacionales de esa materia prima y sus derivados. Se ha disparado el llamado efecto mariposa. Esto significa que un pequeño aleteo imperial en oriente, provoca maremotos en la mesa de un simple consumidor de occidente. La excesiva demanda sobre la oferta ha hecho encarecer productos básicos y flaquear las economías regionales. Ya ha habido movilizaciones por el alza de precio de la tortilla en México, y reclamos por el alza del pan en algunos países, verbigracia Ecuador. Pero el destape industrial de China ha intensificado la demanda asiática por combustible. Se calcula que en el 2031 China demandará un consumo de 99 millones de barriles de petróleo al día, mientras la producción mundial actual es de 79 millones de barriles día. Ante el boom de la demanda petrolera, que ha elevado el precio del crudo a valores nunca antes vistos, se apunta a las energías mixtas alternativas, como los biocombustibles, más concretamente el etanol. Pero la creciente demanda de la caña, la remolacha y otros, conlleva un problema adicional: el cambio drástico de comportamientos agrícolas, puesto que la ambición provoca que se dediquen zonas altamente productivas a la siembra exclusiva de elementos necesarios para la producción de biocombustibles para la exportación. Ante un escenario tan especial, que podrá traer graves conflictos sociales y políticos, algunos países están privilegiando el consumo interno, aplicando medidas restrictivas a la exportación de ciertos productos, y otorgando subsidios para contrarrestar la elevación de precios de productos tan simbólicos y populares como el pan. Pero no nos olvidemos que mientras el problema de fondo persista, la solución actúa como olla de presión. En lo energético, no cabe duda que algún día de los países mirarán hacia el sol de manera seria. En un mundo en el que no solamente tenemos graves daños al entorno planetario, sino vaivenes peligrosos en la economía agrícola mundial, se hace necesario que los países desechen las soluciones parches y apunten al aprovechamiento global de la única fuente de energía segura y duradera: el sol. Frente a la posibilidad cierta de una catástrofe ambiental y económica, que daría paso a una hambruna que podría acabar con la vida en la Tierra, la energía solar es la única alternativa. Todo parece indicar que, tarde o temprano, miraremos hacia el sol.
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