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JAPÓN
Reaparecen las Geishas
Una geisha interpreta la danza típica ichiyama en una casa de té de Niigata

El mundo de las geishas, símbolo de la cultura ancestral nipona, lucha por sobrevivir en el Japón del siglo XXI a base de una gestión empresarial moderna que rompe con las tradiciones que han definido el negocio durante cientos de años.

Jueves 15 Noviembre 2007 | 20:08

Ataviadas con su kimono de seda, el obi (cinturón) enlazado en la cintura, movimientos gráciles y gestos sutiles, de peinado inconfundible y rostro pintado de blanco, las geishas son la cara viva más representativa de una faceta de Japón que se resiste a sucumbir al paso del tiempo. Los paulatinos cambios sociales, la revolución tecnológica, el progreso educativo y las nuevas oportunidades laborales, sumado a la dureza de la vida de la geisha, han hecho que muchas jóvenes pierdan el interés por esta forma de vida. Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial, el número de mujeres que se dedican a dominar disciplinas como la danza o la música para sublimar el arte de la seducción ha ido descendiendo de manera drástica. Si bien en Kioto, donde se encuentra el famoso barrio de Gion, cuna de geishas, llamadas allí “geiko”, el negocio se resiste a evolucionar, en otros lugares el instinto de supervivencia ha imprimido una perspectiva empresarial actual a este modo de vida. Tal es el caso de Niigata, ciudad situada al norte del país, que cuenta con otro de los reductos de geishas más conocidos de Japón: Furumachi. “Aquí hace treinta años las geishas estaban en peligro de extinción, pero ahora está aumentando su número de nuevo, aunque muchas cosas son distintas”, aseguró Sumi Takahashi, propietaria de la casa de té Nagedyaya, en Niigata. Ante la posibilidad de que desapareciesen las geishas de esta ciudad nipona después de doscientos años, en 1987 un conjunto de empresarios de la localidad creó una empresa privada para gestionar el negocio. Trabajo El proyecto, llamado “Ryuto Shinko Kabushiky Geisha” o Promotora de Geishas de la Ciudad del Sauce, cuenta en la actualidad con ochenta miembros, veinte de los cuales son casas de té y el resto grandes compañías, entre las que están todas las empresas de Niigata que cotizan en bolsa. A diferencia de lo que ocurre aún en Kioto, en Niigata las geishas no se deben a una “okiya”, agencia-hogar que organiza al extremo la rutina de estas virtuosas de la seducción. En esta ciudad de la costa occidental japonesa, las geishas cuentan con un contrato laboral, un sueldo mensual y viven en apartamentos que les alquila la promotora. Esta evolución ha aumentado la independencia de las geishas, convertidas en asalariadas con vida privada. Unas trabajadoras que pueden incluso casarse y continuar ejerciendo su profesión, siempre que los clientes sigan dispuestos a pagar 10.000 yenes (90 dólares o unos 62 euros) por hora para disfrutar de su compañía. Este aperturismo, lejos del sometimiento que implicaba ser geisha años atrás, ha servido para atraer a nuevas chicas que, por voluntad propia, se acercan a las casas de té interesadas por ese misterioso mundo. Promotores “Es bueno ser una geisha. Conoces gente que normalmente no tendrías oportunidad de conocer y los clientes te recuerdan. Además me gusta bailar y mi familia me apoyó”, explicó Ayame, geisha empleada por la promotora, que les exige estudiar hasta los 18 años antes de poder comenzar su formación. El caso de Ayame no es excepcional, con ella la cifra de geishas en Niigata asciende a treinta, aún lejos de las cuatrocientas que llegaron a existir en la ciudad en otra época, pero suficiente para que sobreviva el negocio. “No creo que estemos pasadas de moda, no somos algo del pasado, existimos en el presente. Como japonesa pienso que es bonito que se conserve esta tradición”, señaló Ayame. Como buenas geishas, son reservadas cuando se les pregunta por su tiempo libre y sonríen con complicidad para no romper el encanto. Aoi, compañera de Ayame, explicó que “yo quería ser geisha y disfruto con mi trabajo, a pesar de que el aprendizaje es muy difícil”. La película “Memorias de una geisha”, que volvió a poner de actualidad a estas sacrificadas mujeres, es para Aoi un reflejo de una época que poco tiene que ver “con lo que vivimos nosotras”.
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