Actualizado hace: 5 horas 34 minutos
Rubén Darío Buitrón
El desafío de Montecristi

La próxima Asamblea Nacional Constituyente será decisiva para el futuro de la sociedad ecuatoriana. Pero también será decisiva para el futuro del periodismo ecuatoriano.

Sábado 10 Noviembre 2007 | 22:48

Se trata de un desafío gigantesco: una ciudadanía activa, cuestionadora y crítica, como la que cada día se multiplica en el país, exigirá que la prensa no se limite a la información de registro de lo que ocurra en Montecristi sino que convierta sus medios en amplios espacios de debate donde todos los sectores, sin exclusiones, favoritismos o desequilibrios, puedan expresar sus puntos de vista. He ahí un primer reto para el periodismo: diversificar las voces, construir una opinión pública multicolor, buscar nuevas sensibilidades, indagar en las raíces de aquello que los políticos y los sociólogos suelen llamar “el Ecuador profundo” y tener el talento y la capacidad profesional de expresar las necesidades, las urgencias, las demandas y, sobre todo, la realidad de ese “Ecuador profundo” que muchos no conocemos. Que los periodistas asignados a la cobertura de la Asamblea deberán contar lo que suceda allá adentro es una verdad de Perogrullo. Pero, cuidado: esta aparente obviedad pueda transformarse en justificación para no ahondar, no contextualizar, no profundizar. Quedarse en la piel de los hechos, limitarse a difundir opiniones y no investigar los entrelíneas y los silencios del proceso. A un país que cruza los dedos para que la Asamblea produzca una Constitución más equitativa, democrática y socialmente incluyente no se le puede informar de manera epidérmica ni sesgada. Tanto los medios privados como los públicos (recordemos que para la apertura de los debates en Montecristi ya estará en funcionamiento el canal estatal en las frecuencias 48 y 49 UHF) tienen la obligación de convertir en opinión pública los grandes temas que interesan a los ecuatorianos. Ese país quiere participar directamente en la Asamblea y sólo la prensa puede posibilitar que los distintos sectores ideológicos, económicos, étnicos, de género, etc., sin censuras ni prejuicios de ninguna índole, ejerzan su derecho a debatir, discutir y reflexionar sobre cada uno de los puntos que los asambleístas pongan sobre la mesa. He ahí un segundo reto para periodistas y medios: trascendentalizar los temas, dimensionar la relevancia de lo que allí se decida o no se decida, convertirse en espacios de observación, veeduría, vigilancia y rendición inmediata de cuentas. Los elegidos tienen la obligación de representar a sus electores y la prensa jugará, en este escenario, un papel clave. Los asambleístas -y no es figurativo lo que intento decir- deben sentir que doce millones de ecuatorianos están en Montecristi vigilando cada uno de sus pasos. Mucho de lo que suceda o no suceda en la Asamblea tendrá que ver con la capacidad del ciudadano para involucrarse, exigir que se le escuche e incidir en las deliberaciones. Parafraseando la publicidad oficial, la nueva Constitución será de todos, pero sólo a condición de que cada uno -desde el periodismo, desde la ciudadanía, desde la política, desde los distintos actores- cumpla su rol histórico. Que nadie diga después que no se le advirtió. "Diversificar las voces, construir una opinión pública multicolor "
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