Actualizado hace: 5 horas 42 minutos
Jaime Ugalde Moreira | jugalde@eldiario.com.ec
Prensa: otra realidad
Jaime Ugalde Moreira | jugalde@eldiario.com.ec

Un periodista investigando las llamadas telefónicas, así como revisando los correos electrónicos y cartas del alcalde. Puede sonar a extremo. Abusivo incluso. En Suecia es normal.

Miércoles 07 Noviembre 2007 | 21:38

Como escribí en el anterior artículo: la transparencia es un valor supremo en la democracia sueca. Casi todo es público. Se libra lo personal y el secreto a la fuente de un periodista: un funcionario que intenta averiguar quien fue la fuente confidencial de una cobertura comete un delito y el periodista que la revela también lo hace. El acceso a la información, es un instrumento para proteger de la corrupción al sistema democrático, por eso, la Constitución lo garantiza y en la práctica se efectiviza. Frente a tanta “libertad” no hay espacio para el abuso. Los periodistas trabajan bajo estrictos manuales éticos y vigilados permanentemente por la sociedad. No por los organismos públicos. Por la sociedad. Además los medios de comunicación mantienen instrumentos colectivos para autoevaluar el irrespeto a “Las buenas costumbres periodísticas”, que son los principios éticos que rigen a los comunicadores suecos. No se trata de juzgar el cumplimiento de reglas, se evalúa la responsabilidad, integridad y fidelidad. Los periódicos, por ejemplo, financian al “Ombubsman de prensa del público”, un defensor del lector que analiza con independencia los reclamos frente a lo publicado. Su pronunciamiento tiene un peso moral muy alto, puede absolver al medio, pero también cuestionarlo con fuerza. El fallo es publicado completo y destacado por el propio periódico. Los medios se cuestionan para trabajar la excelencia. Es un ejercicio fuerte y responsable. A todo esto hay que agregarle los medios de comunicación de servicio público. Hace 10 años conocí directamente el concepto y la operación en Televisión Española, pero el modelo sueco tiene algunas variantes interesantes. Los ciudadanos cancelan un impuesto, que ellos lo miran como una suscripción. El sueco considera que paga para que la televisión de servicio público le dé la mejor programación y la información más independiente, honesta, profunda y seria, incluso, superior que la televisión privada. Así parece ocurrir. Tv Suecia 1 –a ellos no les gusta que le digan cadena estatal- es dueña absoluta de la sintonía y de lejos tienen la mayor credibilidad. Sus periodistas y la sociedad no aceptarían que un político le meta la mano a los contenidos. Otro concepto que llama la atención es el de los subsidios a los medios. El diario de mayor circulación en cada zona sobrevive con sus recursos, pero los demás tienen adicionalmente una ayuda del Estado. En los 60 se introdujo la subvención para evitar la desaparición de los periódicos medianos y pequeños con el ánimo de asegurar la diversidad de visiones. Pese a eso se asegura que toda la prensa es independiente.
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