Actualizado hace: 3 horas 53 minutos
Pedro Vincent Bowen | pedrovincent@yahoo.com
Para la historia (III)

Quedó flotando en el aire una duda razonable: ¿Devolvió Abdalá a los herederos del general Alfaro la histórica pluma de oro “desaparecida” del despacho presidencial de Carondelet el día en que fugó a Panamá?

Martes 06 Noviembre 2007 | 21:35

La respuesta la ha dado Eloy Alfaro de Alba, biznieto del Viejo Luchador, en una carta (publicada en La Prensa de Panamá) que dejamos inconclusa por falta de espacio en el capítulo anterior... y que hoy concluimos aquí ¡en honor a la verdad!: “...En agosto del 2004, mi padre, Eloy Alfaro Puig, recibió una llamada espontánea del ex presidente Bucaram, entonces exiliado en Panamá, y con él nos reunimos el 24 de agosto en su residencia en Paitilla, donde nos citó para hacernos entrega, como en efecto lo hizo, de la pluma que perteneció al general Eloy Alfaro, en el mismo estuche en el que la había recibido, y que mantengo nuevamente en custodia. El ex presidente nos relató que había recibido la plumilla de manos de un ex ministro de Defensa del Ecuador, quien la había identificado y se la había traído a Panamá. (f) Eloy Alfaro de Alba”. De esta manera, Abdalá me demostró “su verdad” sobre el destino cuasi novelesco de la famosa pluma que, luego de un siglo, sigue todavía dando qué hablar. Y que muy pronto volveremos a rescatar para exhibirla a perpetuidad en el museo-mausoleo que se levanta en Montecristi en homenaje al “mejor ecuatoriano de todos los tiempos”. Pero (el infaltable), más importantes que la susodicha plumilla, son las cenizas del Padre del Liberalismo en proceso de ser trasladadas desde el Cementerio de Guayaquil, al mausoleo que forma parte del magistral monumento que entre Ivo Uquillas y Francisco Aguilera levantan en las faldas del cerro Montecristi. La polémica se encendió en principio por el tema de los restos, hasta que la comprensión y el civismo hicieron recapacitar a quienes, posiblemente, no habíanse enterado debidamente de la magnitud de la obra y de su inmensa trascendencia. Tuvo que intervenir entonces, personalmente, Héctor Villagrán, Ministro de Transporte y Obras Públicas, hasta que logró conciliar los criterios familiares de los legítimos descendientes de Alfaro, liderados por los parientes más cercanos: los nietos Eloy (91) y Olmedo (97) Alfaro Puig (Panamá). Y los bisnietos: Eloy Alfaro de Alba (Panamá) y Lili Avilés Palleze de Pino (Guayaquil). Ellos aceptaron ya, con laudable compresión y en aras de la justicia y la razón, que una parte de las cenizas del Cóndor de América, reposen en la Perla del Pacífico y otra en Montecristi, su ciudad natal. Porque, como lo dijo gratamente emocionado Eloy Alfaro de Alba, al confirmar oficialmente la sabia decisión: “¡Los restos de mi bisabuelo ya no pertenecen solamente a mi familia... son de todos los ecuatorianos!”
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