Actualizado hace: 48 minutos
Arte y política
Eduardo Brito Mieles | E-mail: ebritom@uio.satnet.net.

En política también tienen cabida el realismo social, el arte pop, el surrealismo y una amplia gama de arte nuevo impresionista, opuesto al arte tradicional.

Martes 06 Noviembre 2007 | 21:05

El pueblo, a lo largo de la historia ha contemplado la obra de conservadores, liberales, socialistas y de su progenie o ramales disidentes, que son membretes alargados nada más. Como crítico e historiador imparcial, el ciudadano cataloga y repudia a quienes considera rapaces, inmovilistas y decadentes. A otros les da apoyo y los encumbra, por pintar con palabras, abrazos y sonrisas, esperanza de justicia y hermandad como evangelio social o fantasía gusto personal depende de la sensibilidad estética de cada individuo, sin que el disgusto signifique conciencia de inferioridad, frente a las obras de arte o las acciones políticas óptimo de ese ideal sensitivo, desde la perspectiva estética en materia de arte o de ética y moral en lo político. Pero se dan casos, de obras que se entiendan y no gustan, y otras que gustando no las entendemos. Con esto, no insinúo que los seres humanos, se dividan entre inteligentes privilegiados y tontos aturdidos, o que estén clasificados en los “rangos de egregios y vulgares”, según la apreciación de Ortega y Gasset, en su ensayo sobre la Deshumanización del Arte, hablando de la “injusticia profunda e irritante del falso supuesto de la igualdad real entre los hombres”, que dice Ortega es todo lo contrario, a juzgar por las experiencias diarias, en política, en las artes y demás “peripecias humanas”. Tal enfoque, sería como “estudiar al hombre por su sombra” o penetrar en la intimidad de los estilos, hábitos y costumbres, sin saber qué mismo es el hombre. Esta nota surge a propósito de un año electoralista completo. Con ansiedad política en los niveles de mando de la República y la ciudadanía en general, hasta saber si este arte nuevo de hacer política, que busca transformación y cambios, da buenos frutos o decepción, tomando en cuenta el vértigo y apresuramiento para lograr la Constitución número 20, prometida para el Ecuador político hasta ahora incurable. Hoy, como otras etapas de la historia, la habilidad política retoma la misma figura humana, y el mismo cuerpo social insatisfecho y ofendido, en torno de los cuales artistas, científicos y políticos, enriquecen o aburren nuestras vidas con sus teorías en pugna. Con sus vanidades, fantasías y demagogias, contrastadas con los rasgos espléndidos y actitud benéfica y fecunda, de quienes sin mancillar su honor, trabajan y sirven con obras materiales y espirituales, de auténtica solidaridad humana, ligando su sinceridad con muestras de filantropía e hidalguía para el bien público. Por ello, cada quien a su manera y con lo suyo, da forma y realiza sus anhelos. Descubre su alma y sale a buscar su destino y buena suerte. Así como el deleite del arte es contemplar lo bello, en política esa belleza sólo es posible en marco de justicia y obras reales y concretas para el bienestar social con libertad y dignidad.
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