Actualizado hace: 1 hora 41 minutos
MONTAJE
CRANK (diversión a toda velocidad)

• La vez que fui a ver “Crank” no fui a ver “Crack” sino algo de cuyo nombre no puedo acordarme. Llegué tarde o ya no había entradas, algo así, típica falla de planeación. El caso es que apliqué la necedad del cinéfilo caprichoso y entré a ver lo primero que se me cruzó por delante.

Domingo 04 Noviembre 2007 | 20:36

Sabía muy poco de “Crank”. Sabía que el protagonista era Jason Statham (“Snatch”, “The Transporter”) y el tipo es como un Bruce Willis evolucionado, un héroe de acción muy irónico y sarcástico y malhumorado. Así que entré. Y me divertí más de lo que podría haber imaginado. “Crank” es una película absurda, ridícula como la vida misma, pero que se toma en serio.   • La historia es la siguiente. Chev Chelios (Statham), un matón profesional, se despierta una mañana, está mareado y lo ve todo borroso, como si estuviera atravesando el chuchaqui más grande del mundo. Camina por su apartamento tropezándose con todo hasta que llega a su televisor, inserta un disco en su DVD y se entera de que le han inyectado una sentencia de muerte. El virus que afecta a Chelios surtirá efecto cuando la adrenalina de su cuerpo deje de correr. O sea que el tipo tiene que estar a mil o morirá en cuestión de segundos. Gran planteamiento. Entonces, como no puede bajar, Chelios se ve envuelto en una serie de situaciones intensas que transcurren entre violencia, persecuciones, balaceras, sexo público, otros matones y bastantes drogas. Y claro, algo como eso no es lo que los críticos llamarían arte, pero qué saben ellos (y, por supuesto, qué se yo, que no soy crítico sino fan del cine), “Crank” es poderosa, estamos con Chelios apunto de morir en cada escena y sin embargo la cosa termina siendo una comedia oscura y efectiva.   • Sin duda, “Crank” es hija de las películas tipo B, esas cintas de argumento en apariencia risible que han existido desde siempre pero se popularizaron en los setenta. Entonces, hablando de géneros, “Crank” es de la serie B pero su manufactura es de primera. Tiene buenos efectos y un ritmo medio punk-rock que afloja muy poco, casi nunca. Es una de esas películas que me hubiesen vuelto loco a los diez años, de esas que uno grababa en el VHS de la casa para ver una y otra vez cuidándose de que mamá no aparezca justo cuando a la chica se le ve todo. Raro que tanta bala le traiga a uno recuerdos de la infancia. Como que la generación que se crió con el “Festival de los hombres duros” que pasaban en Ecuavisa, si no me equivoco, los martes por la noche, creció oliendo pólvora y atesorando el plomo. Afortunadamente la mayoría de esa generación no se dedica al crimen organizado.
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