Actualizado hace: 1 hora 13 minutos
Ascanio Cedeño
Gerardo Andrés

Tuvo la quietud de la palabra queda y siempre pensé que no tenía prisa por vivir; quizás por eso se le adelantó la muerte.

Viernes 02 Noviembre 2007 | 21:26

Entendamos que no tener prisa significa un espíritu sosegado, reflexivo, que piensa cada palabra, que medita todo acto, que razona cualquier decisión. Por igual, vivió intensamente, por eso fue primero comunicador social y luego defensor del derecho. Allí entonces las dos líneas paralelas que marcaron una vida profesional lúcida que se unieron sólo en la rendición final de cuentas ante el Hacedor, en ese instante supremo cuando o somos todo o somos nada. Sé que estuvo preparado para la vida y para la muerte. Sufrió su cruel agonía con pleno conocimiento de causa y dignidad. En su esperanzado tratamiento nunca mostró señal de la malignidad que crecía en su sentenciado organismo. Tenía la voluntad de los que enfrentan los retos. Nunca me dijo sentirse enfermo. Y cuando la noticia se supo, hace poco relativamente, había razón para la duda; es que siempre reapareció con una carpeta bajo el brazo; casi siempre solo e impecable por las calles centrales de la capital y luego, su conversación amena, cálida, instructiva. Entonces… más razones para seguir dudando. Ahora sólo su ejemplo y a través de él el necesario recordatorio, pero para siempre, no solamente hasta cuando nos pase el dolor. Es imperativo ser mejores comunicadores y defensores más honestos; allí sí, desde algún sitio, Gerardo Andrés volverá a sonreír. Y se secarán las lágrimas… y se marchitarán las flores… y se agotarán las oraciones… y hasta se cerrará la herida y todo ello dentro de la lógica mundana que no terminará jamás. Más lo otro, insisto, el homenaje a su memoria siendo mejores, perdurará por siempre. Este homenaje escrito en octubre a quien siempre consideré un leal y sincero amigo, será publicado en el mes de los difuntos, entonces para Gerardo Andrés Cedeño Cedeño, el fragmento de una plegaria que rescaté en El Sagrario en donde suelo orar: “Silencio y paz/Fue llevado al país de la vida/para qué hacer preguntas?/su morada, desde ahora, es el descanso/y su vestido, la luz/para siempre silencio y paz/qué sabemos nosotros?/silencio y paz/la música fue sumergida en las aguas profundas/y todas las nostalgias gravitan/sobre las llanuras infinitas/se acabó el combate”.
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