Actualizado hace: 1 hora 28 minutos
El Medio debería
¿Pobre joven?

Este generoso calificativo del presidente de la República es un tanto comprensible, dado a su alta y complicada investidura que le obliga actuar con la más prudente diplomacia, sobre todo tratándose de relaciones internacionales. Pero, parecida reacción no pueden tener los demás ecuatorianos al referirse a la bestia ibérica que agredió física y verbalmente a nuestra indefensa compatriota, solamente para descargar su ritual de odio racista y a la vez para que su enfermiza cobardía quede grabada ante la comunidad mundial. Es que un verdadero hombre, orgulloso de su hombría, no ofende de ninguna manera a la mujer menos a una menor de edad.

Viernes 02 Noviembre 2007 | 21:25

Al indignante episodio que ha estremecido la conciencia en muchos países, se suma la ira colectiva al quedar explícito de que la administración de justicia de allá es también una mierda como la de acá. Así lo ha expresado públicamente un conocido periodista manabita con el que coincido. Ni las evidencias del aberrante ultraje, difundidas reiteradamente y que ya plantean la duda entre la cavilación y la barbarie, no desvanecieron la indiferencia del torcido y sarcástico juez; y de él salió solamente una resolución estúpida, envuelta en su pusilánime jurisprudencia, para favorecer descaradamente al monstruo agresor, que por mucho que un doctorcito le diagnostique trastorno emocional en cambio si tiene lucidez mental para explotar su patología genética de maldad y cobrar por las entrevistas que concede a los medios informativos. Claro, ufanándose de su xenofobia diabólica como todo esperpento de profundas raíces sectarias. Eso es todo. Asumiendo que lo suscitado provino de un extremo aislado que no debe afectar la conexión de los Estados, no podemos estancarnos en una tibia protesta. No es que, al respecto, sea negable la oportuna e importante intervención de la Embajada y la solidaridad del Ec. Rafael Correa, pero la burla del infeliz juez, posiblemente de la misma clase; es al Ecuador, puesto que en su nombre se ha respaldado a la ofendida. Se debe variar la estrategia hasta lograrse que el victimario y sus alcahuetes sean sancionados adecuadamente, y que lo sucedido impulse, por la dignidad que nos enciende, por la sangre rebelde que nos corre y flamea cual bandera abrazando un horizonte promisorio, la obra más significativa: instauración de la equidad y justicia social por ende oportunidades de mejor vida para todos, cuyo ideal así puede posar sus alas en el campo fértil de la realidad con el rumbo diferente del actual Gobierno Central. Así, que la pobreza ya no expulse a nuestros hermanos. Que se termine la triste desintegración familiar. Que esa pesadilla quede decapitada en su lóbrego aposento porque los que hicieron tanto daños a la Patria ahora son momias que rechaza el fulgor de un nuevo amanecer. Señor Presidente: Su indulgencia compasiva a dicho sujeto es ejemplo de su condición superlativamente humana, pero dirigida a esa clase de espécimen cae al vacío. Perdóneme Usted y quienes no llegaren a compartir con mi criterio. Todavía me siento imbuido por el furor. Esas mórbidas imágenes circulando por el mundo son como dentelladas que me ciegan. Quizás esto sea lo que me impide otra percepción del asunto, y no me llega la grandeza de saber perdonar. "No podemos estancarnos en una tibia protesta"
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