Actualizado hace: 20 minutos
Fernando Navia Gallardo
Nuestra vía

Desde hace 90 años, con el triunfo de la revolución rusa, casi la totalidad de las propuestas sobre políticas de desarrollo y de gobierno de los líderes políticos latinoamericanos han sido juzgadas por la opinión pública bajo el excluyente dilema de izquierdas y derechas. Mientras más se acercaba un gobierno a alguno de estos extremos, más se polarizaban las sociedades y menos espacio quedaba para soluciones propias, eficaces y oportunas en la búsqueda del desarrollo de los pueblos. Esta disyuntiva hoy en Ecuador, es aún referente principal del debate nacional.

Lunes 29 Octubre 2007 | 18:36

Lo grave es que esta miopía colectiva jamás fue cuestionada y lo que es peor, tal vez no fue siquiera percibida por los líderes de turno. Ellos dedicaron sus mejores horas a consagrar como Pasatiempo Nacional a la cruel costumbre que los ha caracterizado: la administración del poder político y la riqueza nacional como instrumento para privilegiar a unos pocos. Izquierdas y derechas, a su paso por el poder, a lo sumo cambiaban a los privilegiados, personificando el ejercicio de la ley en un marco de corrupción. En ese contexto, la propuesta del gobierno del presidente Correa ha calado hondo en la última de las fibras sensibles de los ecuatorianos, logrando los niveles de respaldo que revelan las últimas elecciones. Y en medio de la euforia del triunfo, ante un gobierno ungido con la responsabilidad de decidir la nueva arquitectura política del Estado y las nuevas reglas de organización social entre el Estado y los individuos, muchos difunden rumores que acrecientan el temor. Para evitarlo, no habrá mejor manera de conducir el poder que teniendo como referentes las verdades que son parte del sentir popular. El pueblo no está contra los empresarios, pero sí condena a aquellos que no pagan impuestos, que trafican privilegios y que obran sin responsabilidad social. La gente está ávida de empleo y seguridad, pero no admite que a costa de empleo para unos pocos se lleven en peso la riqueza nacional y sus activos. Los más pobres no ven mal el éxito y la riqueza, pero si les duele la concentración de oportunidades y riqueza en unos pocos que presenta nuestra sociedad. Por lo tanto, el enfoque de la tarea de nuestros asambleístas tiene que ser, mas allá de su afinidad política de izquierda o derecha, la exterminación del privilegio, lastre político y cultural que ha provocado las desigualdades, la fragmentación y la exclusión social de los ecuatorianos. La nueva constitución deberá empezar la destrucción del privilegio, sin desalentar la creación de riqueza. Deberá ser la base de apoyo de todos los ecuatorianos en su búsqueda irrenunciable de mejores días para sus hijos.
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