Actualizado hace: 4 horas 35 minutos
Carol Murillo Ruiz
Kintto

Estos días que la canción Patria es cantada por todos, o casi todos, como un himno de alegría, de natural civismo, de perenne campaña por una Patria que siempre ha sido la finca abierta de un puñado de pelucones colocados en las distintas jurisdicciones del país –no solo en Pelucolandia- empiezo a ver una turbia razón para dudar que esa canción sea para todos, es decir, no sólo para los que nacimos en esta tierra santa, como dirían los místicos, sino para los que han arribado a ella por varios motivos: exilio, trabajo, amor, desamor, odio, cansancio, fuga, amnesia, ficción, etc.

Viernes 26 Octubre 2007 | 22:12

La canción Patria, letra de altivez de Rafael Correa y su multitudinaria gente, ha sufrido un ruptura al develar su anticuado rito y exhibirlo, sin querer acaso, en un acto bochornoso, indigno de un gobierno por el que seguimos apostando. Me explico. Hace poco se le negó la nacionalidad ecuatoriana al periodista uruguayo Kintto Lucas, residente en el país por más de una década, con el pretexto de que no tenía los suficientes méritos para pertenecer a una “patria que ya es de todos”, incluido, tal vez, un extranjero que ha trabajado honestamente en el Ecuador, se ha casado con una ecuatoriana, y tiene una hija también ecuatoriana. Ignoro los datos de esa decisión. Me remito a la información que muchos conocemos a través de los medios. Pero lo que sí me concierne es ese espacio de patria, de sabernos de un sitio, de haber nacido en un terruño o de haber vivido en otro, y sentirlo como propio porque allí hemos parido vida, desgracias, amores, gozos, enfermedades, dolores, distancias insalvables con el pasado que se nos viene cada día; y un hoy que siempre es futuro porque la tierra sigue dando vueltas y nosotros con ella. Conozco a Kintto Lucas. Conozco su integridad humana, su perspectiva política, su intemperie ideológica, su cercanía con las líneas referenciales de este gobierno -por decir algo, sin temor a efectuar alguna infidencia-. Pero sobre todo conozco su coherencia, su consecuencia, su compromiso con la vida de los que aparentemente no tienen vida ni sueños. Y para mí eso lo regula no como ecuatoriano sino como ser humano, como un hombre, un gran hombre. Los empresarios suelen decir, sin pudor, que la patria está donde están los negocios. Kintto diría que la patria está dentro del alma, dentro de ese recinto metafísico que a veces aflora cuando la realidad niega un sitio para el cuerpo sobre la tierra. Cuando la realidad escapa a ese sentido de identidad que empuja a saberse y nutrirse de un sitio para hundir las raíces de un árbol de savia nueva. Sí, ese sentido de identidad que concede la tierra, ese barro ni tan bíblico que nos retorna a la vasija de ese poema tan nuestro. Es un error del gobierno excluir la esencia de este hombre bueno. Es un error que, en mi fe por un presidente distinto, ha de ser revocado -sin rubor- por quienes saben que la tierra o la patria o la aldea o la casa son hogares para sentirse hijos de la vida y nunca huérfanos del silencio, y peor de un gobierno que, por fin, lo sentimos nuestro. "Los empresarios suelen decir que la patria está donde están los negocios"
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