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Libertad Regalado Espinoza
“Se despide un genio”

Con esta frase circuló en internet una carta de despedida del escritor más laureado de la segunda mitad del siglo XX: Gabriel García Márquez.

Jueves 25 Octubre 2007 | 21:27

En un artículo anterior escribí sobre el silencio y la soledad del escritor, haciendo alusión a esa necesidad de encontrarnos con nuestros propios demonios ángeles en el momento de la creación, o a esa otra forma de silencio, cuando se decide tomar distancia con la palabra, cuando se decide encerrarse en su mundo, apartarse de todo y de todos. Hoy me enfrento a otra dimensión del silencio y de la soledad del escritor; ésa, que te obliga a crear una barrera entre el yo y el mundo, no por que tú lo desees, no por querer poner tierra entre la vida que late en cada cosa que miramos, sino por los problemas degenerativos que causan las enfermedades en la condición humana, que te obligan a exiliarte, que te arrancan de tu pasión, te anclan en esas cuatro paredes donde en el pasado se acunaron los sueños con los que fuiste hilando tu vida. Se despidió el gran maestro, el que nos regalara: Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, El general en su laberinto, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera, Los funerales de mamá grande, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, La hojarasca, Crónica de una muerte anunciada, Memorias de mis putas tristes, Doce cuentos peregrinos, Vivir para contarla y tantas otras novelas y cuentos que nos condujeron por ese mundo de lo real maravilloso americano, que nos dio una nueva visión de nuestro entorno, nos motivó a ser más observadores, nos condujo a encontrar las mejores metáforas en lo cotidiano de nuestras poblaciones, a descubrir la esencia de la vida en los pueblos olvidados, en esas leyendas y relatos fantásticos que los mayores se encargaban de trasmitirlos, a desmitificar nuestros héroes, a hilar nuestros recuerdos, y a vivir aquella fantasía que en nuestras tierras supera a la realidad. Se despidió este gran hombre de las letras, con una carta que encierra el inmenso deseo de que Dios le conceda un trocito de vida para volver a vivir los años transitados por la inmensa geografía del planeta, a vivir con mayor intensidad las auroras y los atardeceres, los días con sus noches, a robarle horas a la oscuridad, al sueño. Un trocito de vida para poder manifestar a los que ama cuánto los ama, a pensar las cosas antes de decirlas, a ser solidarios, hermanos y compañeros de quienes nos rodean. Una carta que es un llamado de amor a la vida.
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