Actualizado hace: 5 horas 26 minutos
Melvyn O. Herrera C. | melvynherrerac@hotmail.com
Presley Norton

Algo cercana me fue su existencia, porque mi hermano menor era y es, íntimo amigo de “Chris”, uno de sus hijos, desde la bucólica Urdesa guayaquileña de hace algún rato, y porque él era un referente en diversas actividades de alto nivel; entre otras, era el principal del canal de TV “teletortuga”, donde –recuerdo- los mozuelos que éramos, asistíamos en “gallada” participando en el nacimiento de nuevas estrellas.

Lunes 22 Octubre 2007 | 20:45

De todas las actividades de su multifacética y apasionante personalidad, a más de las empresariales, se destacaron las atinentes a la antropología y la arquelogía, las que, un poco tardiamente, ahora están siendo reconocidas por la sociedad ecuatoriana por iniciativa del Banco Central, con la inauguración -en la principal avenida de Guayaquil- de una joya de museo que lleva su nombre, y que se complementa con el que él mismo creó, en nuestra comuna de Salango; estando todos, obligados a visitar ambos museos, para recordar de donde venimos como pueblo; que seguramente era el principal propósito de Presley Norton. Confieso que, siendo yo aun joven, él me atrapó con la atenta lectura que le daba a sus artículos en la prensa ecuatoriana, aparte de que -por el antecedente familiar mencionado- siempre le estuve “siguiendo la pista” a su novelesca vida; en la que hubo de todo, hasta tragedia y soledad; que fué en la que él murió; por ello, nunca dejaré de ponderar su genialidad periodística, con la creación de “Absurdistán”, que era como él calificaba a nuestro país, en el paroxismo de su impotencia, por no poder cambiar las cosas, con la única fuerza que en esos momentos él contaba: su pensamiento escrito. No habiendo derecho para que tal genialidad se pierda, cuando decidí, con intensidad, seguir sus pasos -con la valentía y generosidad que se requieren para hacer públicas las ideas- con frecuencia acudí al ponderado recurso, reconociendo a su creador en mi artículo del 11 de enero de 1999, que apareció en este espacio; sin embargo, algúnos despistados me han acusado de plagio, desconociendo la honradez de la que hago gala en todos mis actos –ahora una vez más- al declarar que, cada vez que utilizo a Absurdistán en mis escritos, estoy homenajeando a ese anglosajón de raza, pero más criollo que muchos, en su esencia; al extremo que, hace algunos años, le hice y musicalicé unos sencillos versos -que ojalá algún día se escuchen- y que se los anticipo, en este minúsculo homenaje que le hago a quien –con las debidas distancias, se me ocurre- tenemos algo en común; especialmente en eso de los “siete oficios y catorce necesidades”... Las primeras estrofas dicen: “Fue un gringo que descubrió / a este reino del absurdo… / aquel Norton, algo burdo, / ese nombre le chantó; / y un periodista después, / hizo poesía en prosa, / por su nombre a cada cosa, / mencionó en su revés. // Absurdistán, Absurdistán, / mucho oro y poco pan. / Oro negro y oro verde, / ¡pero todo se lo pierde! // Aquí todo se confunde / todo camina al revés, / que no sea que redunde, / si la cabeza está en los piés. / Aun así quiero a mi reino, / porque aquí nací feliz, / ni siquiera me despeino… / ¡Absurdistán es mi país!”.
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