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Horacio Hidrovo Peñaherrera
La integración de América Latina

La ideología de la integración de América Latina tiene varias voces que saltan y se escuchan sobre el lomo de los siglos. Son voces gruesas, profundas, recias. En la lucha heroica de José Gabriel Tupac-Amaru y Micaela Bastidas, hay a no dudar una fuerte dosis de integración; en las voces del pueblo mapuche, que jamás fue conquistado por el usurpador, voces de flechas de Lautaro, Caupolicán y Colo-Colo; en la revolución de Fernando Daquilema y Manuela León, en Yaruquíes, hay una confianza infinita: “esperad sin abatiros”.

Domingo 21 Octubre 2007 | 21:04

La ideología de la integración de América Latina tiene varias voces que saltan y se escuchan sobre el lomo de los siglos. Son voces gruesas, profundas, recias. En la lucha heroica de José Gabriel Tupac-Amaru y Micaela Bastidas, hay a no dudar una fuerte dosis de integración; en las voces del pueblo mapuche, que jamás fue conquistado por el usurpador, voces de flechas de Lautaro, Caupolicán y Colo-Colo; en la revolución de Fernando Daquilema y Manuela León, en Yaruquíes, hay una confianza infinita: “esperad sin abatiros”. El siglo XIX es un siglo de voces, unas pegadas en los muros de la insurgencia contra España. El juramento de Bolívar en el Monte Sacro, junto a su maestro Simón Rodríguez, tuvo el resultado de la promesa cumplida. ¡Maravilloso Simón Rodríguez, cómo te extrañamos, si tú fuiste el precursor del Proyecto de Educación Popular! Si tú llegaste a Paita en la última palabra de Manuelita Sáenz, la Libertadora del Libertador. Y después Martí, el maestro Martí, cuando expresa: “Mi patria es América”. Espejo, Juárez, Zapata, el precursor de la reforma agraria en América Latina, José Enrique Rodó en su “Ariel”, y ese otro gigante: Eloy Alfaro Delgado, el amigo de Ricardo Palma, quien intenta integrar a los pueblos del continente a través de un derecho público internacional, en México. Las fronteras caen, donde cada latinoamericano siembra la ideología de la integración. Cuando el padre Valverde quiso sorprender a Atahualpa con la Biblia, asoma el primer enemigo de la integración. Y no es que estamos fuera de los círculos de la Biblia, creo que ningún ser humano puede existir sin la lectura y práctica de los proverbios y hacer de ellos la ideología de la conciencia. Lo que sucede es que el sol está encima de nosotros y su bondad es el entorno del hombre universal. Dentro de esta pensante galería, que a través de las ideas, de la poesía, la novela y el arte en general, al servicio siempre de la integración, la poesía de Vallejo, Neruda, Guillén, César Dávila Andrade, evocan los días luminosos de esta América Latina, que tuvo la virtud de la adaptación. Y qué decir en la novela “Los ríos profundos”, de José María Arguedas; “Huasipungo”, de Jorge Icaza, y “El mundo es ancho y ajeno”, de Ciro Alegría. En el juicio crítico se eleva hasta el mástil más alto, la figura de Alberto Escobar, en su obra “Cómo leer a Vallejo”. En el análisis histórico de Eduardo Galeano, en las páginas de su gran ensayo “Las venas abiertas de América Latina”, más que un poema al dolor y a la esclavitud, pero también una asonada para que nuestros pueblos despierten frente al opresor de turno, sobre todo en la futura administración del agua, hoy pretendida por los explotadores de siempre. Bienvenido a esta cita de la integración latinoamericana el pensamiento de José Carlos Mariátegui y Agustín Cueva. La integración es de todos.
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