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Cuarentena  y violencia
Cuarentena y violencia
Por: Keyla Alarcón
alarcon.tamar@gmail.com

Miércoles 25 Marzo 2020 | 04:00

Ante la amenaza del COVID-19 y su exponencial propagación, la recomendación es la cuarentena; quedarse en casa resulta, en efecto, la mejor protección y “vacuna”. Es así que, por varios días, tomando el consejo mandatorio del resto de países afectados, expertos epidemiólogos y autoridades, miles de familias, con responsabilidad, se han refugiado en sus hogares evitando a toda costa socializar. Lo incomprensible es que mientras la casa signifique un albergue de la enfermedad, para muchas personas, en especial mujeres, se haya convertido en el epicentro de la violencia, del terror y el miedo; sí, qué desolación estar en aislamiento con el enemigo.

Cuando se anunció la obligatoriedad de la cuarentena, los grupos defensores de las mujeres advirtieron que esto agravaría las situaciones de violencia intrafamiliar; de hecho, la exhortación en estos contextos es precisamente no aislarse, pero la pandemia obliga, por ello es importante tomar en cuenta algunas recomendaciones durante el encierro.
CEPAM, Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer, sugiere llamar directamente al 911 o acudir a la UPC más cercana al estar en toque de queda; concurrir a las unidades de flagrancia en materia de violencia de género para lo cual no se requiere abogado; tener en un lugar seguro los documentos de identificación y portarlos siempre y avisar a un contacto de confianza que se está en riesgo, así esta persona podría dar aviso del episodio o del peligro. 
Las mujeres que sufren violencia deben saber que no están solas y que cuando lo requieran tendrán auxilio; por ello, es clave identificar a una persona cercana, que puede ser una vecina o vecino, amiga o amigo, o familiares, a fin de que presten apoyo y tener un teléfono cerca para llamarles.
No hay que quedarse callada. Es un hecho que la sociedad, gracias a los grupos y redes de protección a la mujer, se ha sensibilizado de manera plena con esta dura realidad que no permite prosperar a una colectividad, antes bien constituye una lacra social; y nadie, en su calidad humana, debería negar socorro o dar aviso en estos casos en los que incluso la vida puede estar en peligro; además, la denuncia de terceras personas es una obligación y debe realizarse tan pronto suene la alarma. 
El silencio es complicidad.  Se habla mucho de la solidaridad como una cualidad primordial durante la crisis del virus; en asuntos como estos, con inteligencia y altruismo, debemos demostrarla.  
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