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El síndrome del miedo
El síndrome del miedo
Por: Universi Zambrano Romero

Domingo 22 Marzo 2020 | 04:00

El miedo es la perturbación angustiosa del ánimo ante un riesgo o daño real o imaginario. Es la preocupación por alguna adversidad o peligro que se teme podría ocurrir; mientras que el susto es una impresión repentina causada por temor, espanto o pavor.

Nuestros abuelos en forma jocosa decían que el miedo no es como el susto, y tenían mucha razón, el susto es pasajero, momentáneo mientras que el miedo permanece en la psique humana.
¿Por qué este título? Porque el síndrome es el conjunto de síntomas característicos de una enfermedad; es el conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada.
La humanidad está aterrada e indefensa debido a la aparición de la mortal pandemia denominada coronavirus. Es un virus desconocido, una amenaza ciega que no tiene contemplación o diferencia entre estados ricos o pobres, no diferencia razas o ideologías. La conmoción mundial nos afecta a todos, nos preocupa a todos, todos estamos atemorizados.
Por triste paradoja, mientras las grandes potencias despilfarran el dinero en la fabricación de armas de destrucción masiva, en la conquista del espacio, en el proyecto de llegar a Marte, en guerras y amenazas, son incapaces de contrarrestar oportunamente esta pandemia que ya está afectando a todos los continentes.
Cuando nos sobreviene el peligro, la amenaza de terremotos y tsunami recién el hombre ante su impotencia y fragilidad, eleva su mirada al cielo para pedir al Creador ayuda y protección. Esta es la parte positiva de las pruebas y dificultades; de ahí que es de esperar que esta catástrofe mundial sirva para que el hombre se humanice, que vivamos en paz y que los misiles se conviertan en arados.
Cabe recordar a Albert Einstein, que a pesar de su sabiduría y de haber revolucionado la física, antes de morir dijo: “la ciencia sin religión está renga y la religión sin ciencia está ciega”; también dijo que “la ciencia no es más que un refinamiento del pensamiento cotidiano”. Jamás creeré que Dios juega a los dados con el mundo”.
Esperemos que cuando pase esta tragedia los líderes de las potencias mundiales reflexionen, se sensibilicen y que se conviertan en los heraldos de la paz y de la unidad. 
Pero para este logro también es necesario que se derrote la desigualdad, el racismo, que las religiones concuerden y se unan en un abrazo fraterno bajo el imperio de un solo Dios.
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