Actualizado hace: 1 hora 12 minutos
Leonardo Hidalgo Álava
Bio y oxo

En el artículo anterior me referí más a las fundas plásticas que no son biodegradables, con su tiempo de duración y las opciones que encontramos para poder sustituirlas tratando de afectar menos a nuestro ecosistema.

Martes 25 Febrero 2020 | 04:00

Bajo esta premisa, y con un promedio por habitante de 240 fundas por año,  se presentan en el mercado algunas recomendaciones para saber elegir, entendiendo la diferencia que existe entre cada una de ellas y lo que debemos de hacer para darles un uso adecuado cuando no existan más opciones.
Las fundas o productos de plástico oxodegradables tienen una particularidad especial, su desintegración no es total y quedarán micropartículas en el ambiente, lo que, igual, generará impactos significativos en nuestro ecosistema. Es decir, que se descomponen en millonésimas partes, no visibles al ojo humano; siendo su principal problema el ser parte de la cadena trófica o alimenticia, principalmente de aves y de especies marinas.
Las fundas biodegradables tienen un impacto menor a las oxodegradables mediante la acción enzimática de microorganismos en un ambiente apto para que puedan ser activadas y empezar el proceso de degradación en menor tiempo, lo que hace complicada la labor teniendo en cuenta que un ambiente adecuado es casi imposible por la disposición final que se les da. Existen otros tipos de fundas que van desde compostaje, hidrosoluble, bioplástico, pero lo mejor y recomendable es siempre utilizar fundas de origen natural, es decir derivados de productos orgánicos cuyo uso puede ser mayor y su disposición final la adecuada para la desintegración.  Para poder determinar la veracidad de dichas fundas se pueden emplear tres pruebas y así descubrir si efectivamente contienen materiales que ayudan en la degradación rápida de éstos productos: enterrarlas por dos años bajo tierra, el tiempo que demoran en consumirse con fuego y exponiéndolas al sol después de estar dos días en el agua. En mi caso particular, realicé la última prueba que me tomó nada más ni nada menos que seis meses, en la cual utilicé los tres tipos de fundas (biodegradable, oxodegradable y común), exponiéndolas al sol. Verifiqué que en la biodegradable empezaron a aparecer pequeñas manchas verduzcas que indican la activación de las enzimas para iniciar el consumo de la funda, lo cual no ocurrió con las otras dos. 
Si tenemos en cuenta que nuestra huella ecológica es fuerte, aún así podemos ser capaces de alivianar esta carga con pequeños cambios que nos harán grandes seres humanos con la convicción de que estamos a tiempo de marcar la diferencia.
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