Actualizado hace: 3 horas 29 minutos
Walter O. Andrade Castro
Manabí, ¿una prioridad?

El Manabí de estos tiempos necesita de un gobierno no que le “haga una obrita” o varias que parezcan dádivas, necesita de un gobernante que se apasione por la provincia y que la pasión le surja espontáneamente para que servirla sea como una obligación que compense en algo la ancestral marginación. Han sido décadas de padecer en silencio, con brevísimos intervalos de protesta, la injusta distribución de la riqueza nacional. Deseamos, entonces, un gobernante que asuma y crea que resolver los problemas de Manabí - los cuales son de toda índole y naturaleza - es contribuir decididamente no solo al bienestar de la tercera provincia más poblada del país, que de hecho y con sobra de razones lo merece, sino que piense también que al hacerlo se aporta al desarrollo y a la economía del país, tal cual lo ha hecho Manabí desde tiempos inmemoriales y en las más difíciles condiciones.

Lunes 24 Febrero 2020 | 04:00

 Y como siempre nos ha faltado ese gobernante, hemos buscado, a manera de desagravio o como premio consuelo, que  manabitas integren los gabinetes presidenciales. Cuando ello ha ocurrido, todos nos hemos llenado de esperanzas, de ilusiones sin fin, porque automáticamente pensamos que   esos coterráneos, al estar ubicados muy cerca del poder, harían conocer nuestros problemas a quienes deciden cuánto, cuándo y dónde gastar los ingresos públicos, y así cambiar  nuestra suerte . Sin embargo, las intenciones, los buenos deseos de esos “manabitas en el poder”, muchas veces se han estrellado contra los muros que la burocracia erige y que les impide avanzar. En otras ocasiones, a los muros se une la agenda presidencial, que sencillamente no tiene los problemas de la provincia en la  lista de sus  prioridades. Y no pueden hacer nada: los ministros son subalternos del Presidente. Y en otras oportunidades, como en una manifestación extrema de benevolencia, el gobernante sí comprende las necesidades de la provincia, pero simplemente aplaza la satisfacción de ellas para un plazo X que después se torna incierto. Ante estos hechos, que los ministros  conocen después de sus nombramientos, terminan hostigados y finalmente renuncian.  
Con estos antecedentes, con los tiempos que vivimos - uso intensivo de tecnología en todas las áreas - Manabí necesita de otra visión en el poder, la de alguien que nos conozca a profundidad, que nos priorice. Y eso lo haría un manabita.  Me parece. 
 
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