Actualizado hace: 1 hora 26 minutos
Keyla Alarcón Q
Redes y política

Miércoles 29 Enero 2020 | 04:00

Las redes sociales se han convertido en el entorno más importante para una gran masa de humanos, quienes, llevados por el brillo, color y la perfección viven dos o hasta tres vidas paralelas, una para su familia, otra para el trabajo y otra para cientos o miles de desconocidos. Y la valoración se mide por “likes”, entonces, se aplaude el absurdo, sobre todo en política; los “me gusta” brindan popularidad y en casos desatinados abren puertas impensables, por ejemplo, alguien se convierte en “influencer” y es solicitado para ejercer de candidato a una dignidad, aunque su mayor talento sea hacer “selfies”, dar crédito a maquilladores, peluquerías, salones de estética, proteínas y casas deportivas, pero desconozca la división territorial del país o la más básica función de un GAD. 

Allí una parte del problema, la otra viene de quienes dejan el criterio de lado y basados en posteos de redes, que nada tienen que ver con capacidad y preparación, apoyan al novato político, el que en un abrir y cerrar de ojos se ha convertido en legislador, estratega, sociólogo, antropólogo, experto en gestión territorial, técnico en alcantarillado, maestro de vías, analista, fiscalizador, agente anticorrupción y otras cualidades; lo paradójico es que su medio para rendir cuentas sigue siendo Instagram, o cualquier red social, donde aparece en una foto que lo exhibe en una reunión con la comisión de límites o de salud, en el pleno de la asamblea o en la sesión de cabildo; allí seguramente no habló una palabra porque no tiene idea, pero está presto para la instantánea que acompaña a una historia que muestra dotes para el canto, el baile o la simpleza de posar. Y la gente aplaude, de manera increíble. 
Por eso estamos así, en una realidad –tangible- llena de corrupción, en un país que trasciende en lo internacional por políticos payasos, con autoridades sin principios que un día son ambientalistas y otro día depredan; que en campaña bailan en tarima y se duermen en el pleno, entre otras torpezas. Nos estamos dejando llevar por el artificio y poca coherencia de las efímeras redes, en política y asuntos cotidianos. 
Chopra dice que el condicionamiento social hace que olvidemos lo que somos, conciencia pura, pero la superstición del materialismo ve al cuerpo humano como una escultura congelada fija en tiempo y espacio. La meta, según el gurú, es percibir nuestro cuerpo-mente como un patrón cambiante y vibrante de inteligencia. El ejercicio de razonar puede mejorar los patrones con los que nos medimos y evaluamos a otros; de pronto dejamos de alimentar el circo y lo observamos de lejos.
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