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La mantense Alina Cedeño, cuenta su experiencia en China; Ella viajó hace tres años para estudiar en Shanghai

Martes 28 Enero 2020 | 16:51

"China es la puerta del futuro y yo tengo la llave”, esa fue la respuesta que le permitió a Alina, de 21 años, ganar una beca para estudiar en ese país. 

Cuando se graduó del colegio en Manta, postuló por más de un año a diferentes programas de estudios en el exterior, pero solo la New York University le dio la beca. “Al final de mi entrevista me preguntaron por qué debían darme la beca, y en menos de diez segundos di mi respuesta. Creo que fue eso lo que me permitió ser escogida”, contó Alina.
Se refiere a la frase con la que inicia esta nota.
Fue así como desde el 2016 viajó a la ciudad de Shanghai para estudiar Finanzas y Negocios.
> Dificultades. La primera vez que viajó a China para conocer su universidad, fue un trayecto eterno. El viaje duró tres días. 
Al llegar a Shanghai fue lo peor, tuvo un choque cultural. En las calles todos hablaban mandarín, la gente caminaba muy acelerada y no se detenían para nada.
A Alina esa primera impresión le causó nerviosismo y ansiedad, porque no pudo comunicarse con nadie hasta llegar a la universidad. Pero allí solo hablan inglés y casi nadie español. 
“A veces me cansa hablar inglés y quisiera conversar con alguien en español, pero es raro encontrar a alguien que lo hable”, contó Alina.
Otro problema con el que se encontró Alina fue la comida. Lo único que comió durante meses fue una sopa de fideo con un huevo duro (ramen), porque el resto de platos no le agradaban en lo absoluto. 
Los primeros meses intentó cocinar su propia comida, pero fracasó ya que el tiempo no le daba y tampoco encontraba ingredientes de la comida ecuatoriana.  
Ella tuvo que olvidarse de las largas rutinas de sueños y empezar a despertarse a las cinco de la mañana para alistarse y esperar el bus que la lleva hasta su universidad, que se ubica en el centro de Shanghai, a 20 minutos del edificio en el que vive. Su jornada termina a las 12 de la noche y a su regreso tiene que hacer tareas e investigaciones. 
Los fines de semana también comparte su tiempo dando clases de inglés y español a niños de Shanghai. 
Ella ya ha trabajado en empresas de importación y exportación de varios productos.
El primer año de su estadía tuvo que obligatoriamente vivir con una persona china y otra de doble nacionalidad. Para ella fue muy duro porque la comunicación con sus compañeras no era nada fluida y las costumbres eran totalmente diferentes. 
El clima y las bajas temperaturas fue otra de las situaciones difíciles que tuvo que afrontar Alina. 
Para poder salir de su departamento tenía que usar hasta ocho capas de ropa. 
Recuerda que para poder subirse al bus tenía que hacerlo de lado, porque de tanta ropa que se ponía en el invierno, no entraba en el pasillo. 
Cuando terminó la época de frío, una amiga se sorprendió y le dijo que  había bajado mucho de peso, pero en realidad era que había dejado de ponerse tanta ropa, contó entre risas Alina. 
> Operación.  La primera semana de estadía en China, Alina tuvo que ser operada. 
En un chequeo médico le detectaron un quiste. 
Su mamá tuvo que viajar de emergencia a ese país para poder acompañarla y cuidarla tras la operación.
Luego de su recuperación empezó de lleno a sus estudios, y contó que hubo momentos que pensó en renunciar a su sueño porque los textos que debía leer eran muy pesados y los deberes también.
Allá todo el mundo se dedica a su trabajo y a sus estudios. Nadie ve la vida de nadie. 
“Recuerdo que una vez que alquilé una bicicleta para movilizarme en la ciudad, me caí y terminé en el piso. Todas las personas chinas se acercaban, miraban y se iban. Nadie me cogía ni me ayudaba a levantarme”, relató. 
Alina estuvo 25 días de vacaciones en Manta y lo primero que hizo a su llegada fue comerse un bolón y un ceviche. 
Ella regresó este fin de semana a sus estudios, pero viajó a New York, en donde tomará un semestre de su carrera. 
Su mamá Karina Arteaga dice que pasó los primeros meses llorando, porque la extrañaba demasiado, pero ahora sabe que apoyarla en cumplir sus sueños es el mejor regalo para ella. 
Estando en Shanghai, Alina empezó a conocer más sobre la cultura y costumbres asiáticas, y así nació la idea de emprender en el negocio de vender té chinos en Ecuador. 
Ahora, desde hace un año, ya venden los té en diferentes partes del Ecuador y es su mamá quien se encarga de eso en Manta. 
Alina cree que es bendecida porque ante la situación de emergencia que vive China, por el coronavirus, le tocó tomar un semestre en Estados Unidos. 
Ella espera que a su regreso a Shanghai la situación ya haya sido controlada.
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