Actualizado hace: 3 horas 47 minutos
Jorge Albán Delgado
El sacrificio de Eloy Alfaro

Un día como hoy se perpetró el asesinato del expresidente de la República general Eloy Alfaro Delgado, hecho suscitado el 28 de enero de 1912, hace 108 años. La fecha en mención ha quedado en las páginas de la historia.

Martes 28 Enero 2020 | 04:00

 Un día como hoy se perpetró el asesinato  del expresidente de la República general Eloy Alfaro Delgado, hecho suscitado el 28 de enero de 1912, hace 108 años. La fecha en mención ha quedado en las páginas de la historia.

La vida del Viejo Luchador estuvo marcada por su valor, voluntad, liderazgo y por su perseverancia en pos de una radical transformación social y económica de nuestro país. Es admirable que Alfaro se entregó a las causas de la integración nacional enlazando el norte con el sur, y sobre todo la Costa con la Sierra a través de vías de comunicación, de aquel ferrocarril por medio del cual la inefable lejanía regional al fin tuvo su encuentro. 
El general Alfaro no fue tan solo un revolucionario, fue también un visionario. Su pensamiento y concepción política,  social y económica tuvo un carácter de avanzada, buscó sentar las bases para la modernización y el desarrollo del país, cuando Ecuador era uno de los países más atrasados de América Latina. Gracias a su empeño, la educación se democratizó, institucionalizó la enseñanza laica y se impuso la obligatoriedad del nivel primario, procurando generar una conciencia ciudadana renovada, más libre, tolerante, crítica; así mismo, dio un gran empuje a la producción, al comercio y al desarrollo de la industria nacional.
Su labor no quedó ahí, ya que luchó por los derechos y las reivindicaciones ciudadanas, en especial la soberanía del país.
Alfaro no descuidó los derechos de la mujer a la educación y la integración laboral, su visión amplia de la vida lo llevó a consagrar la igualdad entre hombres y mujeres; la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad, en especial a los ancianos y personas con discapacidad, elevar el potencial de los ciudadanos a través de las ciencias, las artes; y el franquear las brechas de injusticias e inequidad, como la acción del poder político.
Ese es el gran Alfaro, el revolucionario de Montecristi. Su pensamiento recoge su destello que, estoy seguro, se impregna en todo aquel que decida sumarse a su memoria. Un siglo después de la “hoguera bárbara de El Ejido”, la figura sigue siendo poco conocido en varios aspectos y particularmente, en referencia a su actividad internacionalista y pensamiento político. Lo primero puede resultar explicable, en tanto que aún no se ha hecho una minuciosa investigación sobre la actividad política coordinada que se desarrolló entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.
 
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