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El nuevo hombre
El nuevo hombre
Por: Guido Álava

Martes 14 Enero 2020 | 04:00

Los frutos sociales, éticos y morales que el hombre ha legado al mundo actual en estos 7 mil años de historia tienen valor negativo, aquellos como la injusticia, odios, guerras, aumento de la pobreza, desigualdades y una lista inmensa de barbaridades.

 Estos legados que presenciamos en los actuales tiempos posmodernos nos confirman que el hombre viejo se inclinó más por el mal que por el bien.

Marx, F. Nietzsche, Schopenhauer expresaron con frases distintas la idea o concepto de un nuevo hombre. Marx aludía a una nueva sociedad, Nietzsche y Schopenhauer al super hombre, posible según ellos solo como fruto de la exclusiva voluntad y poder humano, idea o conclusión diametralmente opuesta a lo expresado en el evangelio del Mesías Jesús, quien hablaba de la nueva criatura solo naciendo a la dimensión espiritual, consistente en la práctica de valores elevados en la escala moral. Platón y Aristóteles señalaron las virtudes (areté) del hombre bueno, luego el maestro Jesús aludió con mayor claridad sobre el nuevo nacimiento del hombre, la nueva criatura que afirma el apóstol Pablo. 
Desde la perspectiva teológica el hombre nuevo llega cuando se convierte del apego a la codicia, avaricia, arrogancia y vanidad, hacia la mansedumbre, el amor al prójimo, la justicia y la paz. Hombres con estos valores gobernando naciones han sido extremadamente escasos. Y son los que necesita la humanidad actual. 
Los frutos de injusticias e inequidades que han agravado la pobreza en distintos países han tenido como causa a gobernantes (hombres viejos en codicia, avaros, mitómanos, arrogantes y vanidosos), la historia nos ha mostrado reiteradamente este tipo de “demócratas”. Se puede afirmar que con políticos mentalizados por la búsqueda del interés personal y sin elevados valores morales será imposible que a las naciones les llegue la justicia, la paz y la prosperidad con equidad. 
La humanidad toda (parafraseando a la máxima autoridad de la iglesia católica), necesita de hombres con pensamientos renovados, apasionados por nuevas actitudes en bien del prójimo en las familias y en la sociedad toda. Hoy los nuevos hombres (políticos) deben estar muy conscientes del gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, que hace al corazón humano, aparte de cómodo y avaro, un buscador enfermizo de placeres superficiales que adormecen su conciencia, si, deben entender que cuando la vida interior se clausura en los propios intereses ya no queda espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.
 
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