Actualizado hace: 5 horas 1 minuto
Keyla Alarcón Q
El guineo

Miércoles 11 Diciembre 2019 | 04:00

La obra de arte que consiste en un guineo pegado a la pared, presentada por la galería Perrotin en el Art Basel Miami, del virtuoso italiano Maurizio Cattelan, se valora en $120.000 y ha recibido sobre las 80.000 visitas en los últimos días. Titulada “Comedian”, además, ha vendido dos ediciones por ese alto precio.

El nombre, aduciendo a la jocosidad, según el fundador de la galería, “es un dispositivo para el humor” y no se puede estar más de acuerdo; un banano pegado con cinta, en el crepúsculo del arte contemporáneo, que guarda profunda sintonía con lo que somos como sociedad, brinda “una mirada a la forma en la que atribuimos valor y a qué objetos se lo atribuimos”.
Aunque mi formación artística me apegó más a lo que con equivocación la academia llama “clásico” en alusión a las formas musicales europeas y también plásticas, producto de un recalcitrante eurocentrismo, debo decir que el reflejo de nuestro escenario, bastante fofo, diría blando, en lo político, social, cultural, humano, ambiental, da cabida a este tipo de expresiones que con burla, risa, mofa y poco sentido estético, proyectan la calidad humana que, triste es decirlo, ha perdido mucho de su ornamento y ese romanticismo que reflejó lo que alguna vez la academia denominó “bellas artes”.
Y aquí, este tipo de arte es el camino, quizá más idóneo, para señalar, con la esquina de una fruta, que atribuimos un valor alto al metal, a la plata y al oro, sobre el aire y el agua; que, es más preciado el cobre y el petróleo para la industria que el páramo, la flora y la fauna; que, es más importante la doctrina religiosa y política que el sentido común, el amor y la familia; que, las políticas migratorias europeas tienen más significado que 600 almas africanas fenecidas en el Mediterráneo durante el 2019; que, un presidente ridículo atribuya mayor prioridad a un muro físico de contención migratoria, en lo que gastaría una fortuna, por sobre políticas de convivencia humana para los ciudadanos de este mundo; que, una bananita le robe la atención mediática al COP25 donde se discute el cambio climático y el futuro de la humanidad; y la lista es larga.
Entonces sí, la Musa paradisiaca de Cattelan tiene derecho a ridiculizarnos y a entretenernos con un poco de comedia; tal vez así, entre sonrojos, nos demos cuenta que debemos dar más valor al contenido que a la cáscara; que importa la esencia, el corazón y el pensamiento. Y que, como seres básicamente políticos, debemos orientar el accionar en favor de la sociedad humana y la naturaleza.
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