Actualizado hace: 6 horas 52 minutos
Rosa Dalia Cevallos
Coma inducido

Viernes 29 Noviembre 2019 | 04:00

Latinoamérica, considerada la región más inequitativa del mundo, se ha tornado un polvorín que ha provocado la oferta de los gobiernos de  introducir varios cambios que pudieron ser la oferta de campaña de  los opositores,  para detener la violencia mostrada en Ecuador, Colombia y Chile,  con detonantes o causales como el alza en las tarifas de transporte o el retiro del apoyo militar al gobierno de Evo Morales, en Bolivia.

Qué quieren los chilenos, es una pregunta recurrente entre quienes no aceptan que el crecimiento económico de un país no necesariamente implica una mejor redistribución de la riqueza. Para acceder a un seguro de salud de mejor calidad deben contratar con empresas particulares, el Estado chileno se ha desatendido de esta obligación, al contrario de Ecuador que, pese a inocultables carencias, mejoró e incrementó servicios a través del IESS.
Y en medio de esta guerra de nervios que viven los gobiernos, los analistas de dentro y fuera, aún las infaltables pitonisas advierten golpes de Estado no solo en uno de nuestros países. En Chile ofrecen una nueva Constitución, polémica por haber sido elaborada en el gobierno de Pinochet, en tanto la de Ecuador, aprobada por el pueblo, se viene atropellando de una forma o de otra.
El común denominador es la mínima presencia del Estado en las áreas de salud y de servicios básicos, para usufructo de empresas particulares. De tal manera que el coma inducido al Estado ecuatoriano es útil para vender la telefonía, la generación de electricidad a grandes corporaciones. Argumentan, para darle figura popular, que esos recursos se destinarían a la educación, cuyo presupuesto disminuyó. De lograr el objetivo de la extrema privatización, llegará el momento en que los ingresos de  los más pobres serán insuficientes para cubrir los pagos de  esos  servicios básicos.
No pasó en otros gobiernos que enarbolaron la bandera de la modernización o el proyecto de la Ley Trole; toda esta liberalización a ultranza quedó olvidada en el gobierno anterior. Pero las intenciones neoliberales no quedaron sepultadas.
Frente a este panorama de protestas sociales legítimas, sumadas al inaceptable vandalismo, una intervención militar directa de los Estados Unidos provocaría  que otra potencia se enfrasque en una lucha en un territorio que no le pertenece a ninguna, para mantener su hegemonía mundial.
La sola posibilidad de que ocurriera en uno de nuestros  países  traería consecuencias devastadoras para toda la región.
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